Las cuotas participativas de la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) se apuntaban a media mañana un espectacular avance de un 30% hasta colocarse en los 1,19 euros, a la espera de que el Banco de España decida el futuro de la entidad alicantina, algo que podría producirse este mismo viernes.
La caja, que fue intervenida el pasado mes de julio por el supervisor, acumula en lo que va de año un descenso de un 81%. Tras el proceso de subasta, sólo el Banco Sabadell ha presentado una oferta en firme por ella, aunque a cambio de exigir una fuerte protección frente a pérdidas a los hombres de Miguel Ángel Fernández Ordóñez.
Por ello, el Banco de España podría decidir finalmente liquidarla y venderla por partes. La prensa regional alicantina publicaba hoy que el supervisor podría posponer hasta la próxima semana la decisión.
Los especuladores se están aprovechando de esta labor de estabilización. Al modo del juego infantil de las sillas, los inversores compran y venden títulos confiando en haber sacado tajada una vez que se pare la música y el Banco de España decida el futuro de la CAM.
La CAM acumula una caída anual de casi un 85%, mientras que la capitalización bursátil se sitúa en el entorno de los 50 millones de euros, por encima del de compañías como Adolfo Domínguez.
Alrededor de 60.000 minoritarios, la mayoría clientes, podrían haber quedado atrapados en las cuotas participativas de la CAM, sin que tengan ninguna protección ante las posibles pérdidas de su inversión, ni derecho alguno de decisión sobre el futuro de la entidad alicantina.
Según el folleto de emisión de las cuotas participativas enviado hace tres años a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), los cuotapartícipes no tienen ningún derecho político ni influencia en las decisiones del consejo de administración o de la asamblea de la entidad alicantina. La única alternativa es que se hubiera creado un sindicato de cuotapartícipes con representación en la asamblea, pero la CAM descartó esta medida.
Sólo tienen derechos económicos que, en puridad, se limitan al cobro de dividendos siempre que haya beneficios, y a la rentabilidad obtenida por la compraventa de los títulos. Los tenedores de las cuotas se encuentran ahora con dos alternativas: Por un lado, y según el folleto de emisión, tienen “derecho a ceder sus cuotas participativas a la CAM y a obtener su valor de mercado en caso de fusión de la caja”.
Si finalmente el Banco de España no encuentra un comprador para la CAM y se ve obligado a liquidar la entidad para venderla por partes, “los cuotapartícipes tienen derecho a obtener el reembolso del valor liquidativo de las cuotas participativas”. Sin embargo, es una incógnita cuál podría ser este precio, ya que el supervisor querrá proteger lo máximo posible la inversión pública.
El 23 de julio de 2008 la CAM sacó al mercado sus cuotas participativas. En total, colocó 50 millones de títulos a un precio de 5,84 euros. Lehman Brothers, que quebró sólo dos meses después, fue el banco colocador de la emisión. Un 65,5% de las cuotas (32,7 millones) se colocaron entre minoritarios, que tenían que realizar una inversión mínima de 3.000 euros. Teniendo en cuenta estas cifras, algo más de 60.000 minoristas, la mayoría clientes de la CAM, se hicieron con estos títulos, ahora en el aire.
La CAM colocó otro 31% de los títulos (15,5 millones), entre inversores cualificados. 1,75 millones de cuotas se destinaron a empleados de la entidad.






