Economía

Sólo un 18% de las tarjetas bancarias incorpora la nueva tecnología chip

La implantación de las nuevas tarjetas bancarias de crédito y débito con tecnología EMV, que aumentan la seguridad en las transacciones, sigue estancada en España. Cuando apenas queda medio año para que finalice el plazo para su adaptación, sólo un 17,9% de las tarjetas están adaptadas.

Esta cifra se compara con que un 98% de los cajeros y el 86% de los terminales de venta están que ya preparados para la nueva tecnología. Además, según datos de la SEPA (zona única de pagos en euros) al cierre de 2009, (últimas cifras disponibles), la extracción de efectivo de los cajeros automáticos con las nuevas tarjetas de crédito alcanzaba el 30,28% de las operaciones. Esta cifra supone más del doble del 13,10% que alcanzaban en el primer trimestre del pasado año.

El volumen de las operaciones ascendió sólo en los tres últimos meses del año a 29,26 millones. En las tarjetas de débito, la penetración es todavía menor, con un 18,82% de las extracciones de efectivo en cajeros, un total de 27,21 millones de operaciones.

Respecto a las compras realizadas con tarjeta, las de crédito se utilizaron durante el último parcial del 2009 en 31,65 millones de compras, lo que representa un 10,82% de las realizadas. Por el lado del débito, las operaciones alcanzaron las 28,63 millones de operaciones, un 11,82% del total.

Este retraso, provocado en parte porque las entidades no mandan nuevas tarjetas a sus usuarios hasta que las antiguas caducan, ya ha llevado a Visa a señalar que la plena adaptación podría retrasarse hasta mediados del próximo año. La tardanza se produce en un momento en que en algunos círculos financieros comienzan a detectarse fallos en los plásticos que aún no están actualizados con esta tecnología, lo que podría acelerar aún más el relevo tecnológico. Fuentes de VISA y MasterCard consultadas por EL BOLETÍN no estaban inmediatamente disponibles para responder a este respecto.

La tecnología EMV se desarrolló en la búsqueda de mayor seguridad en las transacciones entre tarjetas y terminales. Con este sistema, se reducen las acciones de fraude, que con tarjetas de barra magnética se producen con mayor frecuencia, y además el usuario puede tener un mayor control en la aprobación de los pagos sin conexión.

Cuando éste introduce la tarjeta con chip en la terminal, ésta se autentifica y permite a los terminales compatibles con el estándar EMV comprobar su validez. Además, posibilita comprobar que el usuario es el titular de la misma. También posibilita evaluar el riesgo a partir de parámetros que el emisor ha introducido en el chip, así como los de la compañía emisora de tarjetas que el distribuidor ha introducido en nombre de esta entidad.

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