Las palabras de Margallo reconociendo que se han pasado “cuatro pueblos” con la austeridad, pese a matizar después que se refería a nivel europeo, se suman al ‘reconocimiento’ de errores de varios dirigentes. La austeridad no ha resultado ser la gallina de los huevos de oro. Unas palabras que suscribe uno de los Premio Nobel de Economía más representativos de los últimos tiempos, Joseph Stiglitz. El economista que se mostró tajante contra este fenómeno que se reclama a los países más endeudados no duda: “La ola de austeridad económica que ha azotado Europa tras la Gran Recesión amenaza con dañar seria y permanentemente al tan preciado modelo social del continente”.
Quizás la voz de Stiglitz –al ser un ferviente crítico de las políticas austeras– no sea la más objetiva contra la aplicación de este tipo de política, pero en el ‘bando’ contrario, en el lado de aquellos que han impulsado y reclamado esas medidas, también han surgido voces reconociendo errores. Durante varios años han sido varios los dirigentes –concretamente del FMI, miembro de la Troika, principal impulsora de estas políticas- que han afirmado o que la austeridad llegó demasiado pronto a ciertos lugares o que se desbocó el uso de ésta.
Es el caso de España, tal y como ha reconocido esta misma semana el ministro de Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo. “Nos hemos pasado cuatro pueblos en el tema de la austeridad”, aseveró el popular. Una afirmación que se complementa poco después de los cálculos que realizo CCOO sobre la cifra total de recortes en la legislatura de Mariano Rajoy: el sindicato habló de 80.000 millones menos para servicios públicos. Una cifra que redujo a los 20.000 millones en materia sanitaria, de educación y de dependencia entre el 2009 y el 2013 el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas en un informe elaborado junto al BBVA. “Austeridad sí, pero no matando la gallina de los huevos de oro [es decir, el crecimiento económico]”, recalcó Margallo en su entrevista al diario El País.
No obstante, las palabras del ministro de Rajoy no han sido las únicas de un dirigente europeo. Ya hace tres años otro José Manuel reconoció el desmadre. Esa vez fue Durao Barroso -que por esa época dirigía la Comisión Europea- el que declaró que “si bien creo que es la política correcta, la austeridad llegó a sus límites”. Unas declaraciones realizadas en plena ebullición de recortes en gran parte del Viejo Continente, aunque se centró la mirada sobre los países del sur de Europa. Un reconocimiento que llegó a celebrar el actual secretario general del Grupo Socialdemócrata (S&D) en el Parlamento Europeo, Hannes Swoboda: “El presidente de la Comisión Europea finalmente reconoció la realidad: la austeridad ni es efectiva ni es viable”.
Volviendo a España, a finales de abril de este año, el director de Estudios Laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Raymond Torres, ha considerado que aquí se cometió un error al entrar “muy pronto”, a partir de 2011, en una fase de austeridad pronunciada dando comienzo de forma prematura a restringir los presupuestos públicos.
Pero si un país ha sufrido el golpe de la austeridad impuesta por agentes externos –léase la Troika- es Grecia. Durante varios años se ha ido reconociendo que la gestión de la crisis griega no ha sido la más correcta. Un hecho que ha asumido hace apenas un mes la directora del FMI,
Christine Lagarde, sin antes repartir la culpa con sus ‘socios’ europeos: “Todos nosotros -los europeos, el FMI y el BCE- sobrestimamos el impacto de algunas de las medidas que recomendamos”, apuntilló la dirigente en una entrevista ofrecida a Bloomberg.
Un camino que ya abrió el FMI en junio de 2013 cuando el The Wall Street Journal reveló un informe interno del organismo marcado como “estrictamente confidencial” en el que se admite, como haría tres años después Lagarde, que se subestimó el daño de las recetas austeras que se exigían a Grecia. Así como que se obligó a Grecia a cumplir unos objetivos fiscales “cada vez más ambiciosos”. A día de hoy, pese al reconocimiento de estos fallos, la austeridad sigue estando a la orden del día en el país heleno.
Lagarde también entonó el ‘mea culpa’ al calcular el impacto de la austeridad sobre otro de los Estados europeos que han sido azotados por la crisis económica. La directora del Fondo asumió en 2013, en una reunión privada en Bruselas, que con Portugal las predicciones tampoco se cumplieron. Esta vez, el error se encontraba en el modelo que se usaba para calcular el impacto negativo de la austeridad sobre el crecimiento económico. Un índice que arrancaba en cero –es decir, cero impacto- y que el FMI colocó en un 1%. “Con los datos y el análisis de la situación, nos dimos cuenta de que el coeficiente estaba más cerca del 1,7% que del 1%”, aceptó.
Uno de los gigantes europeos también se subió al carro de la antiausteridad en 2013, año de reconocimiento de los errores. “Los países europeos deben ser rigurosos, Francia en primer lugar, pero no austeros. Eso condena a Europa a la explosión, no solo a la recesión”. Unas palabras que pudieron ser pronunciadas por algún político francés euroescéptico o contrario a las medidas de la Troikas, pero que, en realidad, fueron lanzadas por uno de los personajes más influyentes de Europa: François Hollande. Un mensaje realizado donde el poder de Angela Merkel en la Unión Europea vivía su mejor momento.
Han sido varios los organismos, expertos y dirigentes que han reconocido que el camino de la austeridad no es el camino ideal para una economía que sufre los efectos de la crisis, pero si un país se ha mostrado firme con la receta austera ese ha sido Alemania. Es tal la ‘pasión’ por las políticas de ahorro que esta misma semana el propio FMI ha reclamado al Ejecutivo de Merkel que abandone la ’ultra austeridad’ para dar paso a las políticas de inversión pública que ve necesarias en el país germano. No obstante, la canciller tiene el ‘enemigo’ en casa.
El Instituto alemán de Macroeconomía y Estudios Coyunturales (IMK) ya sentenció en 2013 que Europa necesitaba un cambio radical de su estrategia contra la crisis del euro. El director del organismo, Gustav Horn, se mostró contundente contra el ritmo austero que marcaba y marca su país: “Los gobiernos europeos llevan dos años tratando de salir de la crisis a través del ahorro. Eso no ha funcionado. Es la consecuencia de un curso de austeridad que va contra sus propios objetivos”.
Por el momento, la respuesta de Margallo, aunque ha querido matizar generalizando a nivel europeo no a nivel nacional, es el único ‘reconocimiento’ de un responsable del Gobierno que ha aplicado este tipo de políticas. Una austeridad que, volviendo a la visión de Stiglitz, “contribuye al aumento de las desigualdades”. “Me gustaría que Merkel entendiese que la austeridad empeora el comportamiento de la economía”, concluyó el Premio Nobel de Economía.
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El club de la austeridad sigue perdiendo ‘adeptos’
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