La enésima barra libre del BCE llega en plena caída de la rentabilidad de los bonos corporativos y la demanda de crédito mientras se ultima una nueva ronda regulatoria para el sector. La artillería pesada del Banco Central Europeo (BCE) por reactivar el crédito a la economía real en la Eurozona podría quedarse en solo una leve llovizna. Algunas de las entidades financieras más representativas del Viejo Continente ya han advertido de que las medidas anunciadas por el organismo monetario se quedaran lejos de alcanzar sus objetivos.
Si bien las medidas anunciadas por el equipo de Gobierno del BCE regarán de liquidez el sistema, los bancos critican que en ningún caso esto ayudará a expandir sus cada vez más acuciados balances financieros. En todo caso, aventuran algunos, incluso hará más difícil la obtención de rentabilidad sobre recursos propios, una situación que tendría su reflejo inmediato en una mayor debilidad de cifras de negocio y, por ende, en un nuevo motivo para castigar su ya depreciada capitalización bursátil.
En este sentido, altos directivos del sector coinciden en apuntar a la generación de rentabilidad como el principal de los problemas de la banca de la Eurozona. Las preocupaciones, dicen, ya no están en la solvencia de su capital, ni tan siquiera en la liquidez de su caja fuerte, sino en la dificultad de mejorar cifras operativas de otra manera que no sea ya por la explotada vía de la reducción de costes.
“La mayoría de los bancos, especialmente los sistémicos, están inundados de liquidez”, ha explicado Christoph Rieger, responsable de evaluación y análisis de crédito en el alemán Commerzbank, a Financial Times. En este sentido, apunta que solo unas pocas entidades sacarán partido de la bazuca de Draghi, al encontrar en la concesión de crédito una forma de financiarse más barata, pero a la par vinculada a un elevado riesgo. En este sentido, cabe destacar que en mercados como el español la tasa de mora sigue muy por encima de la media comunitaria.
El vicepresidente ejecutivo del italiano Unicredito, Waleed el-Amir, explica al rotativo financiero que la cuestión realmente en juego es “la calidad del crédito”. En torno a esta cuestión, subyace la falta de una contundente mejoría económica global que haga más fácil la concesión del crédito en lo que se refiere a expectativas de retorno el capital prestado. El impedimento actual se halla, por tanto, en a quién prestar. Pero no solo.
En qué condiciones prestar es la siguiente cuestión. Desde el sector se critica que la enésima ampliación del programa de compra de títulos de renta fija juega en contra de su intención inicial de facilitar el crédito. Al incluirse la deuda corporativa en el radar de compra de esta nueva versión del QE, una nueva caída en cascada de la rentabilidad de los bonos emitidos por las corporaciones europeas parece avecinarse. Esto, auguran fuentes del sector, obligaría a los bancos a reducir el tipo de interés de sus préstamos para ofrecer soluciones de financiación competitivas con las del mercado mayorista de deuda.
Una vez más, subrayan, el resultado sería una menor rentabilidad sobre recursos propios, a pesar de tener de tener un volumen de liquidez disponible al préstamo mucho más abultada que en los últimos años. Por si fuera poco, la inversión en deuda soberana tampoco parece una alternativa para movilizar estos capitales. Una razón es la entrada de muchas referencias, especialmente a corto y medio plazo, en tipos negativos a favor de los organismos públicos emisores. La segunda, el creciente rumor de que la próxima regulación sobre solvencia en el sector obligará a establecer provisiones por exposición a estos papeles, que perderán la consideración de activos de mayor calidad como en la mayoría de casos sí había venido ocurriendo hasta ahora.
Se acabó el negocio del carry-trade
Con estas perspectivas, no sería de extrañar, avanzan fuentes del sector, que las próximas subastas trimestrales de barra libre de liquidez se queden lejos de alcanzar las cifras de ediciones anteriores. Esto se debe también a que otras inyecciones de liquidez al sistema han llegado en momentos en que tanto la deuda soberana como la corporativa de mayor calidad ofrecían unas rentabilidades mucho más gruesas que las actuales, lo que potenciaba las operaciones conocidas como de carry-trade, esto es de tomar el dinero barato del BCE y destinarlo a la compra de estos papeles apuntándose como capital propio la ganancia conseguida gracias a la diferencia de tipos.
El director de análisis de deuda corporativa en Commerzbank, Marco Stoeckle, profundiza en la “distorsión” que la combinación del QE con las subastas TLTRO podría provocar en el mercado de bonos corporativos. Además, antes del lanzamiento de estas medidas, la incertidumbre sobre el rumbo de la economía global motivada especialmente por la fragilidad de las economías emergentes fundamentadas en la exportación de materias primas había dado paso a un freno generalizado en la inversión de las empresas, cuya demanda de financiación había caído ya por debajo de la oferta en los primeros compases de la reactivación del crédito bancario en una Europa que, además, durante el próximo trimestre se enfrentará a la amenaza de la salida de Reino Unido del seno de la Unión Europea.







