Categorías: Opinión

Deporte de juzgado de guardia

Parece que, por fin, las golferías del fútbol empiezan a salir a flote. Bueno, conocidas ya eran desde hacía tiempo pero seguían disfrutando de la vista gorda de los aficionados y, lo que es peor, de las autoridades competentes. Estos días asistimos al encarcelamiento de un ex presidente del Barcelona, Sandro Rosell, y al empapelamiento de las dos primeras estrellas de este deporte: Messi y Ronaldo -uno ya condenado a prisión y el otro ante la misma amenaza-, ambos importados a precio de oro y ambos encausadas por sus chanchullos financieros y fiscales con las impresionantes cantidades de dinero con que los demás premiamos su capacidad para pegar patadas a un balón y meter goles.

El fútbol es un espectáculo que arrastra masas y mueve muchos millones, lícitos e ilícitos. No puede sorprender que sus figuras estén muy bien pagadas, pero de estar bien pagadas a recibir las cifras escalofriantes que estamos descubriendo que reciben por diferentes conductos hay un trecho verdaderamente escandaloso. Comparar y recordar la cantidad de jóvenes que trabajan por escasos centenares de euros, intelectuales que difícilmente llegan a mileuristas y científicos con muchas dificultades para llegar a fin de mes, indigna.

Como indigna, y más en estos días en que estamos preocupados por la una declaración del IRPF que a poco que nos descuidemos nos saldrá irremisiblemente positiva, es decir, a ingresar en la cuenta dinero que no tenemos, unos jugadores de fútbol, premiados por el fanatismo que sus clubs despiertan, se escabullan con mil tretas de algo tan elemental como es responder a sus obligaciones fiscales. Que su tributación es muy elevada, mejor para ellos porque la triste realidad es que ganan demasiado, pero que no contribuyan proporcionalmente a mantener los servicios públicos, es intolerable.

El deporte es una actividad fundamental porque contribuye a que los jóvenes se fortalezcan físicamente, desarrollen habilidades variadas y crezcan con el ejemplo que implica ese genérico tan prostituido últimamente que es la deportividad. El ejemplo que están dando algunas figuras consagradas a las que los jóvenes admiran es deplorable. Un pésimo ejemplo estimulado por algunos clubs que no son inocentes de las tretas de sus fichajes para escaquearse de las obligaciones con Hacienda del país en el que viven y cobran. Habrá que ir pensando en abrir un juzgado de guardia en los estadios.

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Deporte de juzgado de guardia

Diego Carcedo

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