Sería una experiencia muy interesante y necesaria el observar sobre el terreno, estudiar y proponer mejoras para toda una población que no duerme o padece del mal dormir con un punto de partida que no sería otro que el de crear irritabilidad con un racimo de fatídicas consecuencias más para la salud y también para cualquier equivocado que se cruce en su camino. Una risita y ahí está la bronca.
Pongo un ejemplo personal y me auto propongo para ese estudio de campo. Desde el lunes, en esta zona de la capital cubana inundada de embajadas, residencias diplomáticas, empresas extranjeras y ciudadanos pudientes o afortunados que disponen de generadores eléctricos y sus azoteas están colmadas de paneles solares, tenemos un promedio de dos ó tres horas de electricidad seguidas de total inactividad en los tomacorrientes. Un proceso de desgaste psicológico que ya va para cuatro días.
Sorprende, y que tomen nota los especialistas, que en tiempos de guerra (he vivido tres conflagraciones fuera de casa) se puede tirar un pestañazo de media hora y reponerse en alguna medida. En Cuba no es lo mismo. Entre otros elementos en contra tenemos ahora mismo el binomio mosquito-calor que contribuye a la obligada y desagradable vigilia. Un tema a debate.
Y si uno, un mortal en camino del camposanto, se disgusta, irrita, se torna pendenciero, de mal humor, incapaz de armar una cafetera italiana, con escritura ilegible para un simple mensaje recordatorio de que hay que ahorrar agua porque la bomba o motor no tiene energía, qué dejamos entonces para ese especialista digamos en pediatría que debe atender 20 ó 30 casos en el día.
El problema, hay que reconocerlo, no sólo se encuentra entre los que no logran dormir como Dios manda, sino en quienes deben velar para un buen descanso. Hace sólo unos días conversaba con una autoridad médica que debo omitir su nombre y cargo, que ha debido atender a personalidades no sólo cubanas, sino extranjeras. Le preguntaba si nuestros dirigentes, que no sufren apagones y otras carencias, podían dormir tranquilos ante tantos problemas. Me respondió con seis palabras:
-Necesitan de un inductor al sueño.
Sacadas bien las cuentas, en virtud del cerco petrolero impuesto por el vecino Donald Trump más otras razones también de peso, vamos todos en camino de convertirnos en una isla ´poblada de agresivos y peligrosos zombis con un Kalaschnikov a las espaldas por si viniese el agresor gringo.







