Mayores desgracias deben ser encargadas al mismísimo infierno. La escala de contrariedades parece no tener fin. Casi tres millones de compatriotas en el oriente de la isla padeciendo de la descomunal furia destructiva del huracán Melissa cinco días después de su salida del territorio nacional con zonas todavía bajo las aguas y de imposible acceso.
La magnitud del desastre mantiene aisladas regiones enteras del país
Agua potable y alimentos para sobrevivir en un proceso admirable de solidaridad humana de los residentes en el occidente de la isla, en que todos, instituciones gubernamentales, organizaciones religiosas, sector privado y grupos de socorro y ayuda acopian y envían vituallas a las zonas afectadas a las que ha llegado también la solidaridad internacional.
Las afectaciones han sido preliminares. Serán de espanto cuando finalmente se contabilicen porque son miles los que lo han perdido absolutamente todo.
El país enfrenta una emergencia prolongada con pérdidas humanas y materiales incalculables
Entretanto, lo prometido o anunciado por el secretario de Estado, Marco Rubio, no acaba de concretarse no tanto por la parte cubana, sino por el propio gobierno estadounidense. Pura politiquería de ese cuyas raíces están en la isla.
En las provincias occidentales no todo es color rosa. Prosiguen los cortes de electricidad y el incontenible avance de esa arbovirosis reinante dada la proliferación del mosquito Aedes aegypti. Muy frecuente ya que algún que otro vecino, conocido o allegado la esté padeciendo y confiese la desagradable experiencia de cuatro días en cama sin poder moverse.
Los apagones y los brotes epidémicos agravan el sufrimiento de la población
Y en medio de estas calamidades, la nota de la Fiscalía General de la República (FGR) acerca del inicio del proceso judicial contra el ex viceprimer ministro y ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, ha provocado gran reacción y debate entre la ciudadanía donde no pocos piden juicio televisado y transparencia.
Un panorama tan crítico como pocas veces visto, con una economía que no acaba de levantar cabeza, que se resume en el rostro y palabra de numerosos cubanos. Soñar, de momento, será muy difícil porque no habrá espacio entre tantas pesadillas.
Mi amigo, el cura de la parroquia, siempre tan cubano y ocurrente, lo ha dicho por lo claro, que estamos cubiertos por el vómito de Satanás.





