Crisis de la energía: la señal a la que se aferra el mercado de que lo peor podría haber pasado

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¿Podría el aumento de los precios de la energía elevar las expectativas de inflación y desencadenar una espiral de precios autocumplida? Este ha sido uno de los grandes temores del mercado durante las últimas semanas. Sin embargo, algunas señales apuntan a que “el riesgo es limitado, por ahora”. Al menos de acuerdo con los analistas de Allianz.

“La dinámica de reapertura de la pandemia generó fuertes desequilibrios entre la oferta y la demanda en los mercados energéticos, cuyo efecto sobre los precios se ha visto exacerbado por factores relacionados con la meteorología”, explican los expertos de la aseguradora alemana.

En particular, el reciente aumento de los precios del gas natural (“gasflation”), y los efectos indirectos sobre el petróleo y el carbón, han amplificado las presiones sobre los precios existentes, impulsadas por la firmeza de la demanda y las “continuas” interrupciones de la cadena de suministro. Aunque la actividad real y la producción industrial se han recuperado rápidamente, la respuesta de la oferta ha sido “modesta”, explican estos analistas, paralizada por la escasez de mano de obra, el aumento de los costes de los insumos y el retraso de las inversiones.

Al mismo tiempo, la subida de los precios del gas ha provocado un cambio sustancial en el uso del carbón para la generación de energía en mercados clave, como China, Europa y Estados Unidos, lo que ha llevado los precios del carbón a su nivel más alto desde 2001 (+420% interanual), y ha hecho subir los precios de las emisiones de CO2. También han hecho subir los precios del petróleo como sustituto de la calefacción y la generación de electricidad. “Un invierno frío podría agravar la situación, ya que la combinación de bajos inventarios e interrupciones en la cadena de suministro haría subir aún más los precios”, advierten los expertos.

El mercado de futuros y el mercado al contado

El resultado es que “la fuerte subida de los precios de la energía ha acelerado la inflación general”. Sin embargo, los precios de los futuros de estas materias primas están actualmente en fuerte “backwardation”, explican los expertos.  Se trata de la situación del mercado en la que el precio de los futuros cotiza a niveles inferiores al precio del contado del mismo activo. “A menudo se pasa por alto que esta retroalimentación sugiere que la actual crisis energética podría ser temporal, lo que podría explicar por qué las expectativas profesionales de inflación a largo plazo se han mantenido relativamente bien hasta ahora, en contraste con las expectativas de inflación implícitas en el mercado”.

Eso sí, los autores reconocen que “están apareciendo signos de ‘desanclaje’ de las expectativas de inflación si la crisis energética se prolonga demasiado”. “Dada la actual incertidumbre sobre la senda de la recuperación y las perspectivas de inflación, esto hace que la credibilidad de los bancos centrales y su eficaz orientación hacia el futuro sean fundamentales para garantizar que las expectativas se mantengan bien ancladas y evitar que los mercados las acorralen anticipando un posible rebasamiento de la inflación”, concluyen.