El mercado ha pasado de mirar el corto plazo a escrutar la parte muy larga de las curvas. El encarecimiento del 20–30 años en Japón y Reino Unido, unido a déficits persistentes en las mayores economías, ha elevado la prima exigida para financiar a los Estados. La etiqueta “crisis” suena prematura; lo que sí es evidente es una transición hacia una tensión estructural de deuda: más volumen a refinanciar, menos comprador cautivo y una factura de intereses que condiciona los presupuestos.
La presión no nace de un único shock, sino de la suma de déficits, tipos reales positivos y balances de bancos centrales en retirada
Japón: el epicentro del extremo largo
El JGB a 30 años ha rebasado el 3,2% y el 20 años ha marcado nuevos picos, mientras el 10 años se mantiene sobre 1,62%–1,63%. Esta escalada coincide con una reducción gradual de compras de bonos por parte del banco central y con una partida presupuestaria para intereses y amortizaciones que marcará máximos. El mensaje que envía la curva nipona es claro: cuando la red del banco central se retira, el precio del dinero a plazos muy largos lo fija un inversor más exigente.
La lectura de fondo es que la normalización monetaria tarda, pero llega, y el mercado la descuenta primero en los plazos más largos
EEUU y Europa: rendimientos altos, déficits persistentes
En EEUU, el 10 años se mueve en torno a 4,27% con una prima de plazo más amplia que en años previos. Alemania, Francia y España han visto también cómo el coste a 10 años repuntaba en agosto, con el caso francés más volátil por el frente político. Reino Unido vuelve a situar el debate en el 30 años, cerca de 5,6%, por la sensibilidad de su estructura de deuda a la inflación pasada y al cambio de tipos.
El hilo conductor es común: más emisión neta, más coste marginal y mayor sensibilidad fiscal a cada punto básico de subida
España: resistencia relativa, tarea pendiente
España encara esta fase con prima contenida y una deuda/PIB cerca del 100%, gracias a un perfil de vencimientos extendido y a una base inversora diversificada. Aun así, el gasto por intereses subirá conforme se renueve la deuda a tipos actuales. El objetivo inmediato es doble: anclar el déficit y suavizar el coste medio mediante una gestión fina de plazos y ventanas de mercado.
España ha ganado tiempo; ahora debe usarlo para consolidar el descenso del ratio y blindar el coste medio de la deuda
Deuda/PIB
País | Deuda/PIB |
---|---|
Japón | 234,86% |
Estados Unidos | 122,46% |
Italia | 137,28% |
Francia | 116,30% |
Reino Unido | 103,89% |
España | 100,57% |
Alemania | 65,38% |
China | 96,31% |
Rentabilidades de referencia
País | 10 años | 30 años / apuntes |
---|---|---|
Japón | 1,63% | 30 años en 3,22% |
Estados Unidos | 4,27% | — |
Alemania | 2,76% | — |
Francia | 3,50% | — |
España | 3,37% | — |
Italia | 3,58% | — |
Reino Unido | — | 30 años en 5,6% |
China | 1,78% | — |
El escenario base sigue siendo de tensión alta pero manejable; el riesgo, que el largo vuelva a acelerarse justo cuando la oferta de bonos es mayor
A que estar atentos
La clave pasa por tres vectores:
- El ritmo de descenso de la inflación subyacente y su efecto en la prima de plazo;
- la credibilidad de los planes fiscales en economías con ratios altos (Italia, Francia, Reino Unido); y
- La gestión de vencimientos en países con muro de amortizaciones entre 2025 y 2027.
Si los tipos largos se estabilizan y el crecimiento aguanta, la digestión será ordenada; si no, la prima de riesgo volverá al centro del tablero.
No hay señales de una crisis de acceso a mercado, pero sí un cambio de régimen: deuda abundante y más cara, con inversores menos dispuestos a financiar a cualquier precio. Para España, la hoja de ruta es conocida: déficit bajo control, crecimiento potencial y disciplina en la emisión. Para las potencias del G7, el desafío es político además de financiero.