La butaca

Joven y bonita

Cartel de Joven y bonita, película de François Ozon

François Ozon Tras la magnífica ‘En la casa’, que ganó la Concha de Oro a la Mejor Película en la edición de 2012 del Festival de San Sebastián, el director francés François Ozon vuelve a la carga con ‘Joven y bonita’, una cinta que pisó el certamen vasco el año pasado. En este último trabajo, el realizador, una de las figuras más destacadas del cine del país vecino, vuelve a poner el foco en la adolescencia.

En esta ocasión, la protagonista es Isabelle (Marine Vatch), una joven de familia acomodada de 17 años en pleno despertar sexual. Tras descubrir el sexo, o más bien el poder que éste le otorga, comienza una doble vida: responsable estudiante de instituto por las mañanas y prostituta en busca de experiencias con hombres mayores por las tardes.

Ozon, también el guionista de la película, como suele hacer en todas sus obras, nos presenta el duro y perturbador retrato de esta misteriosa adolescente en un relato estructurado a lo largo de cuatro estaciones. Y al ritmo de cuatro canciones de Françoise Hardy, que completan y encuadran la historia.

En esta narración, el director no juzga al personaje ni sus decisiones. Isabelle no es prostituta por razones económicas. Es más bien una experiencia, una forma de rebeldía de una chica con una vida perfecta; aunque las razones que llevan a la joven a verse con hombres mayores (por un alto precio, el equivalente a su belleza) quedan un poco difuminadas. No busca el placer sexual, lo que le gusta es la excitación de guardar un oscuro secreto.

A través de la prostitución, Ozon muestra el proceso de transformación y de curiosidad que se vive en la adolescencia. Una etapa compleja y complicada en busca de experiencias que lleva a la edad adulta.

El realizador no esconde nada. Se muestran al público escenas de los encuentros que mantiene Isabelle, o Léa, como se hace llamar en las páginas de contactos, en habitaciones de hoteles y en los coches de sus clientes. Pero, mediante una elegante realización y un predominio del lenguaje no verbal, se aleja de construir una película basada en el morbo.

Eso sí, el director deja claro el sufrimiento de la madre al conocer la situación. No sabe si sentir asco de su hija o culpa por las actuaciones de la joven cada vez más distante y hostil. O las dos cosas. No es capaz afrontar la sexualidad de su hija perfecta.

Entra también en juego el hermano pequeño de la chica, en el que comienza a surgir también la curiosidad sexual, aunque de una manera mucho más inocente. A través de su mirada, o más bien de sus prismáticos, vemos por primera vez a Isabelle.

Así, Marine Vatch es la protagonista y el alma indiscutible de la cinta. Su espectacular belleza encandila cumpliendo el objetivo: que nos preguntemos porqué una joven tan perfecta decide dejarse llevar por la perversión que queramos saber más sobre este misterioso y atrayente personaje. Vatch es ya la nueva ‘lolita’ del séptimo arte y la musa del cine francés junto a Adèle Exarchopoulos, la protagonista de ‘La vida de Adèle’.

‘Joven y bonita’ no llega al nivel del anterior trabajo de Ozon, pero deja claro que a este realizador aún le queda por delante una larga trayectoria, muchos éxitos y muchas buenas películas.

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