Cultura

Carlos París, dispuesto a mantener la independencia del Ateneo

Una casa independiente donde todas las ideas tienen cabida. Ese es el gen fundamental del Ateneo madrileño y mantenerlo es el objetivo que se ha marcado Carlos París en el inicio de su nuevo mandato.

París ha celebrado su toma de posesión bajo el retrato de Manuel Azaña, uno de los presidentes históricos de la institución, tras su reciente victoria electoral. Y se ha congratulado de que, afortunadamente, ahora no sea como hace tiempo, cuando “algunas cosas que se podían decir en el Ateneo no se podían expresar en las calles”, aunque también ha mostrado su preocupación por la “forma en que, a veces, se intentan frenar las protestas espontáneas”.

Esta característica de foro abierto a todas las tendencias estaría en la raíz de que la institución haya servido de centro de reuniones a movimientos, a veces incipientes, que después dieron frutos como el 15M, pero no que se prime una ideología sobre otras. Para el presidente, “cada socio puede tener la posición política que quiera”, aquí estamos para otra cosa, para fomentar la cultura y la discusión”.

Sin embargo, París admite que en los últimos tiempos las relaciones entre la institución y los políticos locales no ha sido tan fluida como debería. Sobre todo con el Ayuntamiento. Y esa circunstancia no sería positiva porque el Ateneo, a pesar de su vocación universal es, fundamentalmente, madrileño.

La crisis económica y el mantenimiento de los 30 puestos de trabajo que proporciona la institución son otros de los frentes en los que París tendrá que batirse en los próximos dos años. El presidente tuvo un saludo muy afectuoso para la plantilla del Ateneo que “decidió hace tiempo congelarse el sueldo para hacer más viable la institución”.

París reconoció que el recorte radical sufrido por las subvenciones ha puesto en peligro la continuidad de la casa y que, tanto él, como los miembros de su Junta Directiva, buscan fórmulas para encontrar financiación alternativa.

Pero niega taxativamente las acusaciones que llegan desde algunos sectores del cuerpo de asociados de la institución que aseguran que “el presidente quiere entregar el Ateneo a empresas privadas”.

Otra de las inquietudes que marcarán su nuevo mandato es la necesidad de rejuvenecer la institución que no parece resultar demasiado atractiva para las nuevas generaciones.

Hay planes que pasan por permitir que la cuota de entrada, que asciende a 100 euros, pueda pagarse a plazos, para eliminar una barrera difícil de saltar en tiempos de crisis.

Incluso se estudiarán iniciativas como la de recuperar la figura de los socios transeúntes, para permitir que los universitarios accedan a la casa con una cuota mucho menor. Una idea que estuvo vigente, con bastante éxito, años atrás.

En contra de algunos rumores que circulaban entre los socios, el presidente reelegido, no se planta cambiar el reglamento. “A pesar de que la obligación de renovar la mitad de la junta cada año, pueda provocar la sensación de que hay socios en campaña electoral constante”.

Sin embargo, París estudiaría cualquier iniciativa que se presentara al respecto, porque “si la Constitución española puede reformarse, los estatutos del Ateneo no van a ser intocables”.

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