Un compositor elegante. Un poeta humano. Un autor original. Un artista imprescindible. Una gran persona. Todo eso y, algunas cosas más, es, sin duda, Pablo Guerrero. Un grande entre los grandes que regresa a la actualidad gracias a ‘Lobos sin dueño’, recopilación de cuarenta canciones elegidas por el autor, que acaba de publicar Warner y que incluye también algún trabajo realizado ahora mismo.
Vaya por delante que no hay subjetividad alguna nunca en la crítica musical. Pero si alguna vez pudo haberla, no la van a encontrar aquí, en las apreciaciones de quien esto suscribe a la hora de hablar de una colección de temas de todas las épocas de Pablo, que empiezo por calificar de ‘imprescindible’ desde ya. Para que no quede lugar a dudas.
Esto habría que comprarlo. Y pagar por ello. Pero si la crisis les tiene sin blanca, descárguenlo y hagan lo posible por escucharlo con tiempo, con espacio y con la atención necesaria para paladearlo como se merece. Aquí hay materia para pasar muchas horas placenteras. Mejor con un buen equipo, claro. Pero también aguanta si hace falta cualquier atentado sonoro de esos tan habituales en los tiempos que corren.
Están por supuesto, ‘A cántaros’, la canción que deberían oír esos ‘indignados’ que le ponen nombres en inglés a su movimiento para complacer a los cámaras de la BBC, ‘Dulce muchacha triste’, ‘Evohé’ o ‘A tapar la calle’, para empezar a hablar de algunos temas que, sin la difusión alcanzada por otros contemporáneos más asequibles para la ‘radiofórmulas’, han conseguido también ser grandes éxitos a su manera en esos circuitos que, afortunadamente, han sobrevivido a todo y donde aún se piensa que la conjunción de la música y la letra, la prosodia, está en el centro mismo de eso que llaman arte.
Lástima que, en un país tan provinciano como este, los críticos de los grandes medios de comunicación prefieran cubrir un concierto de la última sensación ‘inventada’ por pitchford.com, o cualquier otro portalito anglosajón con fama de ‘trendy’, antes que acercarse a uno de los conciertos que este veterano regala últimamente a la afición. Recitales de lujo en los que aparece acompañado por una banda de lujo con Luis Mendo y Nacho Saénz de Tejada a las guitarras, Christian Pérez al contrabajo y Santiago Vallejo a la trompeta y los teclados.
Esa fascinación por lo foráneo, tan propia de los paletos como nosotros, quizá impida que las tres canciones inéditas que incluye ‘Lobos sin dueño’ (‘Serenata para Lola’, ‘Amazona’ y ‘Golpe de sombra’), sean escuchados por las jóvenes generaciones que de tanto estudiar inglés se sabrán de memoria todos los temas de Bob Dylan y no tendrán ni idea jamás de lo que tiene que contarles este veterano genio extremeño que se ha dejado la piel y las palabras en el intento.
O quizá no. Quizá haya suerte y está cuidada recopilación se abra paso en el bosque de ‘smartphones’ y demás artilugios de baja densidad sonora en los que, hoy por hoy, resulta necesario tener un mínimo de presencia, simplemente, para no desaparecer por completo.
Si la fortuna no no es esquiva. Tal vez, incluso, algunas grandes canciones olvidadas del trabajo que Pablo realizó durante los ochenta, los noventa y el inicio del siglo XXI encuentren ahora el eco que no encontraron entonces. Y demuestren que sí, que hubo músicos inquietos como él que, con la ayuda de francotiradores exquisitos como el sin para Suso Saiz, Gonzalo Lasheras o Javier Paixariño, entre otros, buscaron caminos propios, personales y lejos de las autopistas trilladas que aún sería posible transitar, para que la música española significara algo en el mundo.
Y si vuelve a pasar lo de siempre. Y a ‘Lobos sin dueño’ le toca sufrir la indiferencia de su público potencial. Pues nada. Estaremos, otra vez, ante otra oportunidad perdida. Una de esas que nos hacen darnos cuenta de que el único problema que realmente ha tenido Pablo Guerrero para conectar con el público español es no haber nacido en Nueva York, Athem o Bristol y no haberse llamado Paul Warrior. O Demian Rice. O Nick Drake. O Leonard Cohen. O Stephen Merrit. Pero, no ha habido suerte, porque este genio es extremeño, no se le ve atormentado y parece haber envejecido de forma apacible. Y nada de eso es ‘cool’ ni ‘trendy’, que dirían los fans de Russian Red, supongo.
Ya lo dijo Peret…’borriquito como tú’. Siempre, eso sí, con el máximo respeto para casi todos los artistas anteriormente mencionados, anglosajones, sí, pero también grandes en lo suyo. Como Pablo Guerrero.







