La butaca

‘La habitación’, una película de Lenny Abrahamson

La Habitación

Basada en la novela homónima de Emma Donoghue, la cinta explora el potente vínculo entre una madre y un hijo secuestrados durante años en una pequeña cabaña. El País de las Maravillas al que la Alicia de Lewis Carroll cae a través de la madriguera es un extenso paisaje poblado de enigmáticos personajes. Nada que ver con el mundo que conoce Jack (Jacob Tremblay), el protagonista de ‘La habitación’: una cabaña de 3,5 x 3,5 metros en la que los únicos contactos con el exterior son una pequeña claraboya por la que entra la luz y ‘el universo mágico’ que aparece por la televisión. Sin embargo, el pequeño también vive un cuento, el que ha creado su madre, Joy (Brie Larson), encerrada desde hace siete años en el mismo espacio claustrofóbico por un hombre que la secuestró.

Jack nunca ha estado más allá de esas cuatro paredes, piensa que lo que ocurre en ese interior es la única realidad; y la cinta transcurre desde su punto de vista, desde su mirada inocente. Por eso, la habitación, pese a resultar siempre reducida y angustiosa, se percibe más grande al principio que cuando la vemos al final. Porque para el niño, hasta que descubre la verdad a los cinco años, ese cuartucho es el mundo entero.

Así, el director, el irlandés Lenny Abrahamson, aplaudido en los circuitos del cine independiente por ‘Frank’, respeta y subraya desde la realización la perspectiva narrativa marcada tanto por el guión como por la novela homónima en la que se basa, ambos trabajos escritos por Emma Donoghue. Jack es quien guía la historia y además ejerce de narrador, un recurso que refuerza el envoltorio de fábula de la película.

La cinta se estructura en dos partes bien diferenciadas, separadas por una impactante escena de transición en la que los ojos del niño lo sintetizan todo. En la primera, domina la oscuridad y la asfixia, un panorama en el que Joy intenta proteger a Jack, construyendo con ingenio un pequeño cosmos que permita al pequeño ser feliz dentro de un entorno funesto. Para la madre, la habitación es una prisión, pero consigue que para su hijo sea hogar. Con una sutileza extraordinaria y una elegancia contenida, es director consigue captar la atención y emocionar sin un dramatismo excesivo.

En el segundo tramo, la libertad da paso a la luz, sin embargo, la angustia no desaparece, pues toca enfrentarse a un mundo desconocido en el que ellos dos y su potente vínculo ya no son los únicos. El niño debe adaptarse a toda una realidad que no sabía que existía y que siente como algo amenazante; la madre, intentar retomar una vida que dejó atrás hace mucho tiempo. Premisa interesante, pero que se deja llevar más por la lágrima que la primera parte y no profundiza en algunos personajes secundarios.

A excepción de algunas escenas, opta en general por la contención y el subtexto frente a lo explícito y exagerado. ‘La habitación’ es emotiva, absorbente y desgarradora, algo que se debe, además del trabajo de Abrahamson, a las magníficas interpretaciones de los protagonistas. Especialmente –aunque haya sido Brie Larson la que se ha llevado el Oscar– la de Jacob Tremblay, que se mete en la piel de Jack con una naturalidad inusitada para su edad; sin duda, una de las mejores actuaciones del año: es el alma de la película.

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