La rockera australiana consigue en su primer disco una estimulante mezcla de psicodelia, garaje y grunge. A veces sienta bien un revulsivo, cuando las cosas parecen complicarse demasiado. En esos momentos revueltos y confusos en los que la afición corre el riesgo de perder el norte, se agradece que aparezca de pronto alguien con las ideas claras, como la ‘rockera’ australiana Courtney Barnett y nos recuerde los principios básicos de la música que amamos.
¿Cómo era esto? Ya saben: una guitarra o dos, un bajo y una batería. Algo que decir y energía suficiente para transmitirlo. Tres acordes y la verdad, como decían los clásicos. Eso es el rock and roll y eso, poco más o menos, lo que encontrarán en el último disco de Barnett, titulado ‘Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit’, los aficionados que se acerquen a escuchar lo que tiene que ofrecer esta joven cantautora de 27 años.
En un mundo tan sofisticado como el actual, con la música moderna condicionada casi siempre por el impacto de las nuevas tecnologías, estos soplos de aire fresco, estas llamadas de atención, son muy necesarias. Indispensables, diría yo. Para que la belleza de las formas no pueda utilizarse como coartada para distraer la atención sobre la intrascendencia de las propuestas.
https://api.soundcloud.com/tracks/188406094
Salvando algunas distancias, claro. Lo que en la joven Smith que puso el rock patas arriba en la década de los setenta del pasado siglo era un estallido de drama y pasión, aquí es más bien una inyección de sentido del humor y poesía del absurdo.
Un discurso intenso y lúcido que a ratos recuerda los trabajos de escritores visionarios como Lewis Carroll, o fábulas morales y agridulces como las que imaginó A. A. Milne, el creador de ‘Winnie the Pooh’, a quién pertenece la frase que le da título al álbum, cuya traducción al castellano es algo así como “algunas veces me siento y pienso y otras sólo me siento”.
Las letras de Barnett son maravillosas. No es fácil, por ejemplo, llenar el espacio sonoro de melancolía con una simple pincelada como ella consigue en ‘Depreston’, mi canción favorita del disco por el momento, donde una pareja en busca de piso se encuentra, de pronto, en el cuarto de baño con el rastro del anterior ocupante de una de las casas que visitan, recientemente fallecido.
Pero todo es sutil aquí. Como si los sucesos que se nos narran apenas tuvieran importancia. Y quizá así sea la vida Mucho más terrible, pero menos dramática de lo que parece. Y no podemos evitar que nos caigan simpáticos algunos protagonistas de estas historias cotidianas que Courtney nos propone.
Por ejemplo, el protagonista de ‘Elevator Operator’ ese informático que deserta del trabajo para tomar un ascensor y contemplar el mundo desde lo alto de un rascacielos. O la chica de la canción ’An Illustration Of Loneliness’, que recuerda a su amor perdido y se enfrenta al vacío de su vida, mientras miras las grietas de la pared y los platos sin recoger en la cocina.
O tantos otros personajes deliciosos que pueblan el universo de un disco que augura un futuro brillante a su autora. A la que, desde ahora, nos comprometemos a seguir muy de cerca. Además, les recomendamos encarecidamente que hagan lo mismo.
No vaya a ser que con el empacho de reediciones de vinilo que se nos viene encima y con tanto recordar la música noble y legendaria de otros tiempos, nos olvidemos de la gente, como Courtney Barnett, que trabaja en el presente para que no decaiga la fiesta.
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