Cómicas españolas: «Ellos sueñan con ser Buenafuente y nosotras con tener un hueco»

Beatriz Cepeda (Perra de Satán) y Sara García (Penny Jay) / Fotografía de Alberto Ortega y de la Riot Comedy

Beatriz Cepeda (Perra de Satán) y Sara García (Penny Jay) / Fotografía de Alberto Ortega y de la Riot Comedy

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“Ellos sueñan con ser Buenafuente y nosotras con tener un hueco. Yo no quiero eso. Me hubiera gustado poder soñar desde el principio con ser él”, revindica Sara García, también conocida como Penny Jay. Ella creó un espacio para que las cómicas como ella se pudieran sentir cómodas desde el minuto uno en sus monólogos. La Riot Comedy fue como bautizó a su proyecto, que unos años más tarde de su creación llena las salas a las que va. “Empecé la Riot revindicando el hecho de que teníamos que estar juntas para romper el techo de cristal”, remarca García.

Beatriz Cepeda, alias Perra de Satán, es una de las mujeres que se ha subido al escenario de la Riot. Además de participar en este tipo de shows, tiene el suyo propio: ¿Puedo Hablar XXL! “Las cómicas no teníamos las mismas oportunidades que ellos para ser graciosas. Ahora el mito de que no somos graciosas se cae por su propio peso”, explica Cepeda. Actualmente, considera que hay tantas compañeras que se podría pasar horas citándolas.

“Se lo estamos quitando de la boca”, cree García. Para ella, detrás del argumento de que las cómicas no son graciosas se esconde la misoginia. “¿Cómo justifican que meten a un colega y no a una cómica que está llenado salas? Con el es que mi colega es graciosísimo. Es gracioso porque le dan la aprobación”, resalta Penny Jay. Ahora, ese amiguismo se vería en peligro por la presencia de sus compañeras por lo que desde la industria han tenido que crear una serie de clichés contra las mujeres para protegerse. “Han impedido nuestro desarrollo laboral diciendo que no tenemos talento, que nuestros temas son muy cerrados y que nuestro público no es válido”, arguye la creadora de la Riot Comedy.

Ante su negativa, sus propios espacios

Beatriz Cepeda y Sara García, además de por sus shows,  son conocidas en redes sociales. Cada una cuenta con 49.500 y 49.200 seguidores respectivamente en su Instagram. Ambas creen que sin su presencia en redes no se encontrarían donde están hoy. “Yo apostaba antes por las redes sociales que por la Riot. No pensamos la repercusión que tienen, pero es una locura, es un medio más”, recuerda García. “Las redes han facilitado el acceso al público. El problema es que todavía no se ha democratizado el paso de Internet a los sitios donde hay pasta”, apostilla Cepeda.

Aunque sus proyectos, Riot Comedy y ¿Puedo Hablar XXL! llenan salas todavía no están al nivel de oportunidades que tienen los hombres en la industria. “La Riot es la mejor experiencia de mi vida. Sin este espacio yo por ejemplo no estaría aquí”, establece su creadora: “Nosotras por mucho que lo petemos no tenemos una base detrás de marcas y cadenas. Ellos cuentan para un proyecto con 150.000 euros y nosotras 3.000. Su liga siempre va a tener mucho más dinero”.

Beatriz Cepeda, que se ha subido en varias ocasiones al escenario de la Riot Comedy, está de acuerdo con García. “Hemos vivido exactamente lo mismo. Como no nos querían en ningún sitio, hemos tenido que crear nuestros propios espacios. Montártelo tú sola significa currar el doble o el triple”, explica Perra de Satán. “Para entrar le tenías que caer en gracia a un cómico”.

“Hemos estado solas tanto tiempo que cualquier apoyo suma, venga de donde venga”, añade Cepeda. Uno de esos apoyos les vino de mano de la artista Moderna de Pueblo que, en su último cómic, Coñodramas, retrataba un espacio muy similar al creado por Sara García. “Nosotras no somos nada sin el apoyo, a nivel digital siempre nos ayudan mujeres influencers”, destaca García. Además, al comienzo de la Riot Comedy uno de sus problemas era encontrar salas. “Me costaba un montón conseguirlas, las primeras personas en cedernos salas fueron mujeres”, recuerda.

Un público que no existía

Al entrar en el mundo de la comedia se han encontrado con el mito de que su humor era nicho y no interesaría a todo el mundo. “No es un problema de temática, es un problema de sexismo, lo masculino se considera universal”, detalla Beatriz Cepeda.

Por ello, se tiende a pensar que a los cómicos los siguen personas de cualquier género y que a ellas solo mujeres. “Es mentira, tienen un público masculino. Nuestro público  no era consumidor de comedia, no les interesaba porque lo que se estaba haciendo en ese momento estaba pensado solo para hombres. Nosotras estamos atrayendo a un público, mayoritariamente femenino, que no existía”, destaca Sara García.

 

 

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