Donald Trump, presidente de EEUU
Si el presidente Donald Trump estuviese aquejado de diabetes, enfermedad crónica que elige preferiblemente a personas mayores, tal vez su modo de pensar para con Cuba sería diferente, menos agresivo y más amistoso. Pero, al parecer, goza de buena de salud aunque de pésimo humor.
La vida, la historia y no pocos acontecimientos del día a día nos han enseñado cómo pueden cambiar los destinos por un simple acto. La inminente llegada de un autóctono y prodigioso medicamento cubano a EEUU para combatir las úlceras del pie diabético le tendrá sin cuidado a míster Trump. Es más, que de seguro pondrá de su parte para que el Hebertprot-P no sea reconocido en la evaluación clínica a la que será sometido por la Administración de Drogas y Alimentos.
La empresa cubana Hebert Biotec y la estadounidense Mercurio acaban de firmar un acuerdo para introducir el fármaco en la gran nación. Ganador de varios premios internacionales, entre ellos el World Intelectual Property Organizational, nada menos que 330,738 pacientes han experimentado notable mejoría en Cuba y casi una veintena de países.
Cuando la política le impone condiciones a la salud, el pie no diabético del mismísimo Satanás está en primer plano.
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