Calatrava: una grandeza invisible en Toronto

Arquitectura

Calatrava: una grandeza invisible en Toronto

Le cargan los críticos, entre otros señalamientos, el parecido entre sus obras, los altos costes de mantenimiento y elevados presupuestos.

Obra de Santiago Calatrava en Toronto
Obra de Santiago Calatrava en Toronto
Caminando por esas calles de la ciudad, en busca de la segunda torre más alta del mundo, la  CN con 553 metros después de la de Burj Khalifa (828 ms en Dubai), uno pasa por la 181 Bay St. y poco llama la atención ese edificio de oficinas del Brookfield Place que guarda una agradable impresión visual en su interior inadvertida desde la acera.. Sorprende encontrar dentro una obra más del arquitecto, ingeniero civil y escultor español Santiago Calatrava que como genio al fin y al cabo tiene admiradores, pero también detractores en su empeño de arquitectura neofuturista. Calatrava, de 73 años de edad, ostenta más de cincuenta importantes premios y más de veinte títulos universitarios honoríficos. Una amiga arquitecta y su esposo entendido en la materia me aseguran que “sí, muy criticado, pero codiciado”. A él le cargan los críticos, entre otros señalamientos, el parecido entre sus obras, los altos costes de mantenimiento y elevados presupuestos. Algo muy cierto y para nada discutible es que la ciudad canadiense de Toronto reserva no pocas atracciones autóctonas y modernas para el visitante común y corriente. Una de ellas, sin lugar a dudas es la obra de Santiago Calatrava donde cualquier mortal con sueños de la infancia espera que de un momento a otro se aparezca un pequeñito ser de color verde y le extienda su mano con diez dedos y dos antenas en la cabeza…

Caminando por esas calles de la ciudad, en busca de la segunda torre más alta del mundo, la  CN con 553 metros después de la de Burj Khalifa (828 ms en Dubai), uno pasa por la 181 Bay St. y poco llama la atención ese edificio de oficinas del Brookfield Place que guarda una agradable impresión visual en su interior inadvertida desde la acera.

Sorprende encontrar dentro una obra más del arquitecto, ingeniero civil y escultor español Santiago Calatrava que como genio al fin y al cabo tiene admiradores, pero también detractores en su empeño de arquitectura neofuturista.

Calatrava, de 73 años de edad, ostenta más de cincuenta importantes premios y más de veinte títulos universitarios honoríficos. Una amiga arquitecta y su esposo entendido en la materia me aseguran que “sí, muy criticado, pero codiciado”.

A él le cargan los críticos, entre otros señalamientos, el parecido entre sus obras, los altos costes de mantenimiento y elevados presupuestos.

Algo muy cierto y para nada discutible es que la ciudad canadiense de Toronto reserva no pocas atracciones autóctonas y modernas para el visitante común y corriente. Una de ellas, sin lugar a dudas es la obra de Santiago Calatrava donde cualquier mortal con sueños de la infancia espera que de un momento a otro se aparezca un pequeñito ser de color verde y le extienda su mano con diez dedos y dos antenas en la cabeza…

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