Borrell sostiene que la UE vive un momento de vulnerabilidad interna y externa, con un deterioro de su relación con EEUU y una creciente presión internacional.
En su análisis, el ex jefe de la diplomacia comunitaria apunta que el escenario global ha cambiado de forma estructural y que Europa ha perdido capacidad de influencia frente a las grandes potencias.
Borrell afirma que Europa afronta más enemigos que nunca y que ya no marca el rumbo de la historia global
Europa ante un nuevo equilibrio global
“Europa nunca ha tenido tantos enemigos, ni fuera ni dentro”, ha asegurado Borrell. A su juicio, los europeos fueron durante décadas protagonistas del devenir histórico, pero ahora “la historia la marcan otros”.
El presidente del CiDOB considera que existe una resistencia dentro del continente a aceptar lo que define como un “divorcio” con EEUU, al entender que ambas potencias ya no comparten plenamente los mismos valores políticos y estratégicos.
El exalto representante defiende que la UE debe asumir el distanciamiento con EEUU y redefinir su posición internacional
Más integración o nuevo modelo
Ante este contexto, Borrell ha defendido que Europa debe intentar estar “más unida y ser más coherente”. Sin embargo, duda de que con los actuales 27 Estados miembros pueda alcanzarse un mayor grado de integración.
Por ello, propone reflexionar sobre un modelo alternativo basado en un núcleo de países que quieran avanzar hacia una estructura más federal, con competencias compartidas en fiscalidad, política exterior y defensa.
Borrell plantea un grupo federal dentro de la UE que comparta fiscalidad, política exterior y defensa
Ucrania y el riesgo de una guerra congelada
En relación con el conflicto en Ucrania, Borrell considera que el presidente de EEUU, Donald Trump, busca una “solución rápida”, mientras que el presidente ruso, Vladimir Putin, no tiene prisa por cerrar el conflicto.
Según su análisis, la ofensiva inicial rusa no logró los objetivos previstos y el Kremlin no tiene incentivos suficientes para detener la guerra. En el mejor de los escenarios, Borrell prevé una “solución a la coreana”, es decir, una guerra congelada sin paz formal pero tampoco con combates abiertos de gran escala.
La situación, advierte, consolidaría un escenario de inestabilidad prolongada en el flanco oriental europeo, con implicaciones estratégicas para toda la Unión Europea.







