Boris Johnson pierde la confianza entre sus filas por la gestión del ‘partygate’

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido

Boris Johnson, primer ministro del Reino Unido

Diputados conservadores retiraron la confianza en su jefe y primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, al tiempo que la oposición pidió su renuncia en vistas al informe preliminar sobre las presuntas fiestas ilegales celebradas durante la pandemia.

«Ya no puede contar más con mi apoyo», le espetó el exministro tory Andrew Mitchell en una extraordinaria sesión parlamentaria.

Johnson se disculpó, minutos antes, de los errores cometidos durante las restricciones del covid-19 y de la gestión del llamado escándalo ‘partygate’, que salen a relucir en el informe preliminar de la funcionaria Sue Gray, encargada de la investigación interna.

«Quiero decir que lo siento… comprendo la furia que siente la gente», señaló el primer ministro en la Cámara de los Comunes.

Las palabras de contrición dejaron fríos a los legisladores de la oposición y a sectores de las bancadas conservadoras.

Su antecesora en Downing Street, Theresa May, le preguntó si «no leyó las normas de la pandemia, no las entendió o creyó que no competían» ni a él ni a su equipo de Downing Street.

A su vez, líderes de otros partidos parlamentarios pidieron la dimisión del primer ministro.

«Está siendo objeto de una investigación penal… infringiendo habitualmente las reglas, el primer ministro nos tomó a todos por idiotas; no es apto para un alto cargo», criticó el laborista Keir Starmer.

La funcionaria Gray desvela en su informe que la policía está investigando 12 eventos sociales – de un total de 17 destapados hasta la fecha- y entre ellos se incluyen una reunión en el apartamento de Johnson y una multitudinaria velada en su jardín a la que asistió el primer ministro, según el mismo ha admitido.

El pulso retórico de la sesión culminó con la expulsión de la Cámara del nacionalista escocés, Ian Blackford, quien acusó al mandatario conservador de «engañar» al Parlamento acerca de las fiestas.

Blackford se negó a suavizar su acusación con un «inadvertidamente», como le demandó el presidente de la Cámara, y desalojó su escaño gritando: «no es mi culpa que se pueda confiar en el primer ministro».

Johnson está de nuevo entre las cuerdas, suplicando esta vez a sus filas que aguarden la conclusión de la pesquisa policial sobre los eventos etílicos que se sucedieron en su residencia mientras el resto de la población bebía en burbujas unifamiliares y despedía en solitario a cada uno de los 155.000 muertos con coronavirus en Reino Unido.