Capitolio de La Habana
A poco menos de un mes de iniciada la consulta popular para la nueva Constitución, no pocos cubanos han devenido fervientes constituyentes tras participar en las cuatro opciones posibles.
A saber, M si se trata de una modificación; A, si es una adición; E, si es eliminación, y D si se trata de una duda. Los medios locales, los internacionales y los marcadamente desafectos al régimen se han dado un auténtico banquete al reportar qué dice la gente en sus respectivas reuniones.
Los hay que al amparo de las posibilidades, han ido en contra del unipartidismo y a favor de la acumulación de propiedades y riquezas, aspectos prácticamente intocables e inamovibles y que muy de seguro irán de cabeza a la papelera. Otros, al muy debatido artículo del matrimonio gay, mientras que no faltan los que van a mayor calado en cuanto a incluir también la inviolabilidad no solo domiciliaria, sino en las tierras de su propiedad, el derecho a la eutanasia, la delimitación de funciones del ejército y hasta quién debe dirigir el Consejo de Defensa Nacional, si el Presidente o un militar.
Hasta el momento son pocas las convocatorias donde el cubano se ha guardado la lengua en el bolsillo y hay que reconocer la notable participación de la ciudadanía.
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