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Algo se mueve en las FF. AA. venezolanas

Lo ocurrido ayer, y todavía no bien aclarado, en el Fuerte Paramacay (cerca de la ciudad de Valencia), una de las bases militares más importantes de Venezuela, no parece que vaya a hacer caer todavía el régimen dictatorial de Nicolás Maduro. A la vista de las noticias que han ido llegando durante la tarde, no ha pasado de una aventura inconsistente de un grupo de militares comandados por un capitán cuyos rasgos biográficos no le conceden especial seriedad ni influencia entre sus colegas.

El conato de rebelión, en que según parece – siempre según parece – han participado veinte hombres armados que pretendían hacerse con el control del fuerte — de los cuales dos murieron y siete fueron detenidos –, fue aplastado por el grueso de las unidades que reaccionaron con contundencia en defensa del Gobierno. Pero la escasa consistencia de la intentona hay que analizarlo en mayor profundidad y quizás como un síntoma de que en las Fuerzas Armadas venezolanas algo se mueve.

Hasta ahora los militares han exhibido una fidelidad ciega y a menudo irracional al manejo del poder por parte de Nicolás Maduro y su camarilla hasta convertirlo en una Dictadura personal del incompetente heredero del caudillo militar y líder social Hugo Chávez. No es un secreto para nadie ni dentro ni fuera de Venezuela que detrás de esta lealtad perruna hay importantes beneficios en juego, desde todos los géneros de corrupción hasta implicaciones hasta las cejas en el narcotráfico.

El Régimen que se ha venido generando entre trapisondas populistas y trampas en el ejercicio de la democracia, ha sumido al país en la fractura social, el caos y la pobreza generalizada. Todos los indicadores económicos son un desastre, empezando por la conversión del bolívar en papel mojado, y lo peor es que el grueso de la sociedad, quizás con la excepción de los paniaguados bien pagados del sistema, sufre las consecuencias.

Mientras centenares de miles de venezolanos huyen del país atemorizados por la violencia y la impunidad de la delincuencia, los que aún quedan viven un sinvivir entre el miedo a un futuro más que incierto y la impotencia ante todo género de privaciones: escasean los productos básicos del hogar, incluidos los medicamentos, y la única posibilidad de conseguir alimentos y otros artículos es en el creciente mercado negro al que cada vez son menos los que tienen acceso.

Por eso no extraña que algunos militares, bien por sus convicciones éticas, democráticas y sociales bien por su frustración al no estar en la mesa de los elegidos del sistema, se estén dando cuenta de que todo ha ido demasiado lejos, que el país se va quedando aislado del resto del mundo y que sus convecinos, y hasta familiares, están al límite de desesperación ante tantos desmanes como han acabado con la normalidad de sus vidas.

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Algo se mueve en las FF. AA. venezolanas

Diego Carcedo

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