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Albricias, ¡candidato!

Por fin, ¿quién iba a pensarlo?, tenemos candidato para la vicepresidencia vacante del Banco Central Europeo. Estamos tan exhaustos de representantes en los organismos internacionales que el cargo despierta unas ansiedades fuera de lo común. El candidato será Luis de Guindos, actual ministro de Economía, frustrado aspirante a la presidencia del Eurogrupo, y la persona in pectore que se venía barajando desde hace meses para convertirse en segundo de a bordo del todopoderoso Mario Draghi.

Costó, costó que los españoles, que al final somos los que pagamos a los funcionarios que deberán representarnos, nos enterásemos oficialmente de quien era el elegido para competir con el aspirante irlandés, Philip Lane. ¿Por qué? ¿Acaso los españoles todavía no hemos alcanzado la mayoría de edad democrática para no poder estar al tanto de cómo se manejan nuestros intereses? Creo que pagamos impuestos para estar informados, no para que se nos distraiga con juegos de asuntos partidarios.

Luis de Guindos es una economista competente y nada indica que no sea adecuado para el puesto. Además, conseguirlo no le resultará especialmente fácil. Es de suponer que el Gobierno habrá amarrado bien los apoyos con que contará porque de otro modo el ridículo será de los que hacen historia. Por vez primera desde la Transición, España no ocupa ningún cargo relevante ni en la UE ni en la ONU, ni en la OTAN. La vicepresidencia del BCE, un cargo importante de segunda línea, es ahora la oportunidad.

Vamos a ver lo que ocurre en todo el proceso que ahora tiene que seguir el nombramiento. Aunque no se trata de un representante español, sino de un ejecutivo que tiene que actuar con independencia, imparcialidad y sentido europeo, para España es importante, muy importante para todos que Guindos lo consiga. Indigna, si, la forma, más parecida a un juego infantil que a una decisión política, en que fue elegido. Pero ya está y hay que apoyarlo.

Nadie entenderá que llegado a este punto Luis de Guindos no cuente con el respaldo, si no unánime si generalizado, de los ciudadanos y partidos de la oposición que no tienen objetivos espurios, como la independencia de sus territorios, la utopía de una revolución desfasada u otras ambiciones del mismo estilo. Guindos no es un “facha” redomado ni un corrupto de tantos como estos días pululan por los juzgados. Es un economista competente, forjado en el ámbito financiero internacional, y es de prever que cumplirá bien el encargo.

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Albricias, ¡candidato!

Diego Carcedo

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