¿Adiós a la tasa Google? El coste para Europa que tendrá el impuesto de sociedades global

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El acuerdo histórico del G7 para poner sobre la mesa un impuesto de sociedades global con un tipo del 15% puede acabar suponiendo una derrota en los intereses europeos, entre ellos los españoles. El impuesto sobre los servicios digitales, más conocido como la ‘tasa Google’, quedará enterrado a cambio de una tributación ‘local’ que afectará a más sectores.

La redacción del comunicado del G7 el pasado fin de semana fue concisa:

“Nos comprometemos a alcanzar una solución equitativa en la asignación de derechos tributarios, otorgando a los países del mercado derechos tributarios sobre al menos el 20% de las ganancias que superen un margen del 10% para las empresas multinacionales más grandes y rentables.

Estableceremos una coordinación adecuada entre la aplicación de las nuevas normas fiscales internacionales y la supresión de todos los impuestos sobre los servicios digitales, y otras medidas similares pertinentes, para todas las empresas.

También nos comprometemos a establecer un impuesto mínimo global de al menos el 15% en cada país”.

Los dos pilares del planteamiento de la OCDE quedan refrendados, señala Gilles Möec, economista jefe de AXA Investment Managers: “habrá espacio para la imposición local de los beneficios en el punto de consumo, además de un tipo impositivo mínimo en todas partes”.

En ese sentido, el acuerdo apunta en dos direcciones. Una de ellas es común a todos los actores del G7: el interés por limitar una ‘carrera a la baja’ que les permita cierta capacidad para gravar los beneficios de las empresas sin temer deslocalizaciones. “Esto es especialmente acuciante para dos miembros que tienen planes concretos de elevar su propio tipo impositivo sobre las empresas, Reino Unido y EEUU”, señala el experto de AXA, “pero sospechamos que todos ellos están interesados en tener más margen de maniobra sobre esta fuente de financiación gubernamental”.

Impuesto sobre los servicios digitales

Sin embargo, “la tributación local de los beneficios es más ambigua”, apunta Möec. La UE ha estado mostrando un superávit por cuenta corriente que ahora es “probablemente estructural”, lo que contrasta con los persistentes déficits de EEUU. Como “máquina exportadora” de éxito, el bloque comunitario “tiene un interés menos claro que EEUU en que la actividad exterior de las empresas sea gravada localmente”.

Al mismo tiempo, “un problema para Europa es su debilidad en la producción de alta tecnología, mientras que es un gran consumidor de este tipo de servicios. La posibilidad de gravar una parte de los beneficios de los GAFA [Google, Apple, Facebook y Amazon] procedentes de las ventas europeas es muy tentadora”.

“Por eso es tan crucial la articulación con el ‘impuesto sobre los servicios digitales’ que se menciona en el comunicado. EEUU ofrece la capacidad de imposición local como una forma de enterrar los impuestos digitales que se habían hecho populares en Europa”, explica Möec. “En lugar de un dispositivo dirigido a una actividad concreta, en la que el liderazgo de EEUU no tiene rival por ahora, la imposición local afectaría a un conjunto más amplio de industrias. La reacción positiva de algunos de los portavoces de los GAFA durante el fin de semana es posiblemente un indicio de la compensación que está en juego”.

Aun así, “persiste cierta incertidumbre”, cree el experto de AXA: los europeos no quieren renunciar a sus tasas digitales antes de que el Congreso de EEUU apruebe el acuerdo sobre fiscalidad global, mientras que EEUU quería que la UE los suprimiera inmediatamente. La ‘adecuada coordinación’ en este tema, según el comunicado, puede requerir algunos esfuerzos por ambas partes”.