A respirar parejo, por favor

Volcan La Soufrière

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Mi abuela materna, rayando el siglo de vida, solía llamarle “vientos” a esas inesperadas erupciones rectales que adquirían matices de ataque químico cuando ocurrían en medio de una aglomeración de personas en lugar cerrado y poco ventilado.

Desde entonces, una avispada víctima del primer golpe de nariz, se ha encargado de solicitar calma a la muchedumbre espantada, con la frase conminatoria de “respiren parejo, caballeros.”

Esta vez, para colmo de los diversos males que nos aquejan, la “gracia” ha sido obra exclusiva de la madre naturaleza. El volcán La Soufriere, luego de unas cuatro décadas de reposo, ha lanzado como perfume de Satanás una columna pestilente de azufre y otras inmundicias a más de ocho kilómetros de altura que tiene ahora mismo en tensión a casi todo el Caribe desde su punto de partida en la vecina isla de San Vicente y las Granadinas.

Tamaña desgracia que ha puesto a llorar en público a su primer ministro Ralph Gonsalves y que ha motivado el refuerzo de la brigada médica cubana allí establecida tras el envío de algo de lo poco que hay en almacenes.

Otra desgracia más encima de esa incontrolable transmisión de las cinco cepas del virus (la llamada sudafricana como la más peligrosa) que preocupan a media isla como jugando a las encondidas, entre un ingreso hospitalario en terapia intensiva, haciendo fila frente al incinerador o en el mejor de los casos preguntando qué llegó de comer al centro comercial o qué medicamento entró a la farmacia.

Nada, que en un país donde lo tenemos casi todo regulado con el afán de que el suministro sea equitativo, ahora también habrá que respirar parejo ante la alerta de las autoridades sanitarias internacionales por algo azufre en el ambiente.

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