40 años uniendo barrios…y los que quedan por venir

Quique Villalobos, presidente de la FRAVM.
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La unión de aquellas asociaciones de vecinos que desde los años sesenta venían luchando por la dignidad de las barriadas de muchos municipios madrileños, dio como resultado en 1975 la, por entonces, Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos de Madrid.

Aquella FPAVM, hoy Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), fue fruto de la inteligencia de aplicar fuera de las asociaciones lo que funcionaba dentro, aquello de “la unión hace la fuerza”.

Sin embargo, aquella unión no fue precisamente fácil. A las condiciones ya de por sí muy precarias que se vivían en aquellas barriadas, que acogieron a decenas de miles de inmigrantes del éxodo rural que llegaron a Madrid huyendo de la miseria, se sumaban las propias de un escenario en el que la dictadura experimentaba sus últimos estertores y no precisamente de forma tranquila.

Las asociaciones, en su mayoría, aún funcionaban con autorizaciones provisionales y muchas de sus asambleas y acciones eran controladas, cuando no directamente prohibidas por la Delegación de Gobierno.

Así se llegaría a aquel 1977 en el que junto con la legalización de los partidos y sindicatos y previa celebración de las primeras elecciones democráticas desde la II República, la federación sería legalizada el 2 de noviembre. Un 1977 que terminaba siendo confirmación y principio de un escenario diferente, por supuesto más amable, por supuesto con más opciones que las de los tiempos inmediatos, pero nada fácil para aquellas pequeñas asociaciones de barrio.

Prueba de ello son las innumerables luchas que hemos tenido que acometer desde entonces y que hoy seguimos impulsando. Las asociaciones vecinales, conscientes de su finalidad y de sus principios sociales, haciendo de la necesidad virtud y a base de un trabajo continuo, tenaz y riguroso, muchas veces invisibilizado, no han dejado en su prolongada y rica historia de pelear por las cosas esenciales de sus territorios. Las cosas que hacen de los barrios y pueblos lugares mejores para vivir.

Un centro de salud, un colegio, la llegada del metro al barrio y una nueva línea de autobús municipal. Un centro de mayores, una biblioteca, un parque y toda una barriada de viviendas públicas. Las fiestas del barrio, un centro cultural y el polideportivo del distrito. Sus huellas están en todos los rincones de nuestra región, aunque a diario pasemos a su lado sin darnos cuenta. Detrás de muchas mejoras, servicios y equipamientos públicos que usamos a diario se encuentra el impulso del movimiento vecinal y de su organización más representativa, la FRAVM, que hoy cuenta con 277 entidades, 174 en la capital. Huellas que son hitos, conquistas de un movimiento que el año que viene cumple medio siglo en Madrid y que en estos momentos celebra los 40 años de la legalización de su federación.

Gracias a la acción de las asociaciones vecinales y de la organización que representa su unión, unas 120.000 personas pasaron de vivir en los inmensos poblados chabolistas que en los sesenta y setenta rodeaban la capital a viviendas dignas, configurando nuevos barrios que hoy en día conforman un Madrid del que sentirse orgullosos. Orcasur,Almendrales, Palomeras, Fontarrón, Comillas, Cárcavas, la UVA de Villaverde son lugares fruto de esta pelea, a la que siguieron otras muchas por el derecho a techo y por otros derechos básicos. Peleas como la de las asociaciones vecinales de Móstoles y Parla, que lograron llevar el agua corriente para todos a estos municipios, o la de las asociaciones de Usera y Villaverde, que en los ochenta, a través del Movimiento por la Dignidad del Sur y junto a la FRAVM, lograron arrancar a la Administración el Plan 18.000. 18.000 millones de pesetas en todo tipo de inversiones (educativas, culturales, deportivas…) que fueron decididas por las gentes de los barrios en un proceso que supuso la primera experiencia de presupuestos participativos de la capital. Experiencias similares que también se dieron en municipios como San Fernando de Henares, Leganés, Fuenlabrada, Alcalá de Henares…

Y sin embargo, esta mirada al pasado no es una contemplación melancólica, romántica de las viejas luchas de antaño. Al contrario, es la vista atrás del camino recorrido para después echar la mirada al frente sabiendo lo que nos queda por delante porque somos conscientes de lo que llevamos andado.

Las asociaciones vecinales tenemos muy clara la necesidad de nuestro trabajo pues muchas son las brechas que aún siguen abiertas, con sus consiguiente retos. El principal, seguir siendo útiles y para ello trabajamos por ser reflejo de nuestros barrios. No podemos concebir las asociaciones presentes y futuras sin una alta participación de las mujeres a todos los niveles, así como con una importante presencia de jóvenes, migrantes y personas con necesidades especiales.

Igualmente a las asociaciones no nos queda otra que atender las distintas necesidades y potencialidades de nuestros territorios, siendo espacios abiertos a la infancia, defensoras del medio ambiente, de los derechos sociales, de los servicios públicos, de los colectivos desfavorecidos. Y porque lo somos seguimos presentes, seguimos vivas, trabajando con alegría, tesón y mucha energía.

Quique Villalobos es presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM).

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