Una exposición detallada fue ofrecida en un programa especial de la televisión cubana donde participaron altos oficiales del ministerio del Interior y un fiscal que llevará la acusación de los encartados en la acción de marcado interés terrorista contra la isla. La lancha traía una auténtica colección de pertrechos de guerra.
La moneda con sus dos caras. La local, con bastante credibilidad más anuncios de próximas revelaciones. Por la otra, a la espera de la versión estadounidense que ojalá tenga puntos de encuentro entre ambas para no enrarecer todavía más el histórico diferendo.
El poder de las armas haciendo y deshaciendo en medio mundo. La violencia causando muertes a las dos manos. Rusia versus Ucrania, Caracas con sus 32 cubanos fallecidos y hoy, EEUU-Israel contra Irán. Belicoso que está nuestro planeta por el Medio Oriente, norte de África, Afganistán, Iraq, Nigeria, Siria, Somalia, Siria…
En Cuba, su capital, en la legendaria sala teatro El Sótano, inaugurada en 1956, que se me antoja como una suerte de búnker de las tablas, a unos pocos metros bajo tierra, una inmensa Yessie Guridi mirándote a la cara y compartiendo contigo y unos 200 más, el conocido monólogo de Willy Russel “Mi querida Shirley” durante 95 minutos con tal fuerza dramática que te hace sentir partícipe en la trama, en la búsqueda de uno mismo, en el amor y sentido por la vida. Tanto, que pudiera compartir una copa de vino con la protagonista en la propia función.
Enhorabuena, Yessie. Otro tanto para Josep M Coll por esas brisas tan cubanas en la adaptación de la pieza inglesa. Lo demás, tarea para los especialistas que deberán tratar también sobre la sobria escenografía y el empleo de las luces.
Y afuera, en la calle, en el mundo, los unos queriendo matar o matando a sus semejantes por ambiciones, recelos, odios y hasta por petróleo.
¿Quién habrá acuñado la frase del “teatro de operaciones”? Tal vez alguien no muy propenso a posar sus nalgas en una butaca y disfrutar, por ejemplo, de Fuenteovejuna…






