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El PSOE se ahoga en el lodazal de las viejas 'cajas del PP'

Rafael Alba
Rafael Alba
La incomprensible gestión realizada por el equipo económico de Zapatero en la crisis de Caja Madrid y Bancaja, otra hipoteca para la regeneración socialista.
Una lástima, probablemente. Pero aún hay votantes de cierta edad que tienen memoria y que acumulan demasiados 'expedientes x' a sus espaldas como para creerse el relato beatífico sobre el futuro del socialismo que cuenta la gestora que preside Javier Fernández. Y, por cierto que esas cuestiones sin explicar que siguen ahí y vuelven a la actualidad periódicamente, no sólo afectan a la presunta candidatura 'institucional' que quiere convertir en secretaria general del PSOE a Susana Díaz. Y quieran o no quieran Patxi López y Pedro Sánchez, los otro dos aspirantes al trono, estos ya confirmados, también se ve afectadas por estas cuestiones.
 
Son asuntos sensibles que pueden cerrarse con una simple petición de disculpas. Es necesario explicar lo qué paso de verdad. Y el hecho de que haya pasado el tiempo, el viejo partido que se autocalificaba de socialdemócrata haya implosionado y avance con paso firme hacia su destrucción y esas preguntas sigan sin encontrar respuestas despierta, inevitablemente, toda clase de sospechas. Más aún, cuando la mayoría de los asuntos a los que nos referimos están relacionados con el sector financiero y, en ellos, los socialistas parecen haber actuado como 'salvavidas' del PP. Más concretamente del sector de este partido presuntamente más alejado en lo ideológico de los presupuestos defendidos por el PSOE.
 
Los líos son muchos ya digo, así que vamos a limitarnos en este artículo a señalar la perplejidad que aún nos invade a muchos de nosotros ante el espinoso asunto de Bankia. Su propia creación, por supuesto, y también esa inconcebible salida a Bolsa que, a falta de las resoluciones judiciales que correspondan, tuvo siempre muy mala pinta. Porque parecía complicado que un monstruo tan torpedeado y presuntamente al borde de la quiebra como el resultado de la suma de dos supuestos 'zombies' financieros andantes (Caja Madrid y Bancaja) más algunos otros 'convidados de piedra' de menor tamaño, pudiera llegar a convertirse en un vigoroso monstruo de Fankestein, capaz de sortear el temporal provocado por la crisis económica, el ladrillo y, también, las 'titulizaciones' hipotecarias, de las que nos olvidamos ahora demasiado, pero que estuvieron en el orígen del tsunami que empezó a propagarse desde EEUU y acabó por arrasarlo todo.
 
¿Qué pasó de verdad ahí? Cómo pudo el equipo económico de José Luis Rodríguez Zapatero, apoyar o, según parece aunque no este acreditado aún, hasta impulsar aquella barbaridad, que no tenía posibilidades de salir adelante de ninguna manera, según parece que dijeron algunos informes técnicos del Banco de España. Además, estos tipos a los que nos referimos no parecían ser unos 'piernas'. Eran nada menos que todo un gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, todo un presidente de la CNMV, Julio Segura, y toda una ministra de Economía, Elena Salgado. Economistas laureados, con prestigio académico acreditado en algunos casos y experiencia en gestión en otros. Entonces, ¿qué fue lo que pasó?
 
¿De verdad creían que aquella locura podía llegar a ser viable? Es lógico que hayan muchas voces que duden sobre este particular. Con otra peculiaridad añadida más inexplicable aún. El lío de Caja Madrid, por supuesto, y también el lío de Bancaja, la mala gestión, los extraños préstamos concedidos, y todo lo demás que ya se sabe, incluidos lo 60.000 millones de euros del rescate final, eran un veneno político que podría haber resultado letal para el PP. Un PP, por cierto, en su época más beligerante, el tiempo de abucheos, manifestaciones callejeras y demás bombas lanzadas contra el Gobierno socialista y el propio Zapatero.
 
Pero Zp y sus expertos se lanzaron al fango para resolver los problemas de Miguel Blesa, Rodrigo Rato y José Luis Olivas, dos grandes mariscales del enemigo que, al final, fueron entregado a los leones por los suyos. Alguien tiene que salir al ruedo y dar una explicación sobre esta torpeza, y tantas otras. Y no me refiero sólo a asumir las responsabilidades políticas o judiciales que corresponda. Ni a satisfacer, en la medida de lo posible a los contribuyentes, a esos paganos a quienes se les ha pasado la factura final y a quienes, además, se ha castigado con severos recortes sobre la educación y sanidad, los pilares del estado del bienestar, también como consecuencia de este y otros líos relacionados con las deudas privadas de algunos sectores. Deudas que tuvo que avalar primero y asumir después el estado, por supuesto.
 
A quien de verdad alguien tendría que explicar esta torpeza política, que ha terminado de hundir casi por completo a un partido que parece haber agotado por completo el capital político que un día tuvo, es a esos sufridos militantes a los que se les niega hasta el derecho de decidir quien es su líder o cuál debe ser el programa político que defiende su partido con el peregrino argumento de que este tipo de decisiones debe corresponder a la masa completa de votantes potenciales y simpatizantes. Gente corriente cuya fidelidad a las siglas o a la causas es, por suerte para la democracia, más bien variable.
 
¿De verdad se cree alguien en el PSOE que sin dar ese paso van a poder recuperar la credibilidad política perdida? Sí es así, alguien, Rafael Simancas, por ejemplo, debería explicarle a quien corresponda el coste que ha tenido en votos para el socialismo madrileño, aquel famoso 'tamayazo', que le hurtó a el mismo la presidencia ganada en las urnas y abrió la oscurísima etapa presidencial de Esperanza Aguirre en la Comunidad, con sus púnicas, sus gurtel y todos aquellos líos clientelares que, según parece terminaron de hundir a la caja madrileña.
 
Claro que Simancas parece dedicado a otros menesteres. Por ejemplo a la conspiración permanente. A ser el brazo ejecutor de Tomás Gómez, por cuenta de Pedro Sánchez, cuando este último era una marioneta en manos de Susana Díaz y a poner palos en las ruedas del coche de su antiguo jefe, para impedir que el secretario general defenestrado por todos los poderes fácticos del partido, felipistas y zapateristas, incluidos.
 
Pero lo que les pasó en Madrid les podría pasar en toda España. De hecho, ya hace tiempo que es así, incluso en ese supuesto feudo inviolable que constituiría Andalucía. ¿Puede ser que haya intereses creados tan fuertes como para que algunos prefieran que se hunda para siempre un partido centenario antes de que la verdad, sea cuál sea, salga a la luz? Las puertas giratorias y los vasos comunicantes, visibles e invisibles, parecen tener mucho más peso del que pensábamos. Hay tantas conexiones imperceptibles entre el mundo del dinero y los alegres chicos que han encontrado su vocación laboral en la política, que no parece posible que quede en pie ninguna creencia.
 
¿Cómo es posible, por ejemplo, que Donald Trump, quiera, según cuenta The New York Times, encargar a Stephen A. Feinberg la revisión y reforma de los servicios secretos estadounidenses? ¿Cree el nuevo presidente que el presidente de un fondo como Cerberus Capital es la persona más cualificada para enfrentarse a las supuestas guerras entre espías y agencias de inteligencia? A lo mejor va a resultar que sí. Que son, precisamente, los popes del sector financiero los que están más al tanto de todas estas cosas y los únicos que conocen, en realidad, los verdaderos resortes que hay que utilizar para poner en marcha las estrategias políticas en el mundo.
 
Por cierto que, como me recuerda algún compañero que sabe algo de esto, Cerberus es, precisamente, el fondo buitre al que José Ignacio Goirigolzarri contrató para que ayudara a Bankia a manejar su cartera inmobiliaria defectuosa. Y Cerberus es también una firma financiera, que algunos malintencioncoados califican como 'fondo buitre', en la que ha trabajado un tal José María Aznar Junior. ¿Les suena de algo el nombre?
 

Rafael Alba

No fui fotógrafo de "Playboy", pero sí hice allí entrevistas y artículos. Escribí sobre música en "Diario 16", "Geo", "El Gran Musical", "ZZPOP", "Audioprofesional", "Sterofonía" y "Backstage". En "El Economista", "America Económica", "Cuba Económica" y "La Revista de la Bolsa" intenté aprender economía. En "El Boletín" me metí en política. Y ahora he vuelto a lo mío. Pero lo que más me gusta es tocar la guitarra, así que no es raro verme subido al escenario de algún club…con Las Dos en Punto, por ejemplo.

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