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Viejas ideas y nuevas políticas

Josep Lladós, profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
Josep Lladós, profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
Una conferencia reciente del premio Nobel Paul Krugman nos acerca una mejor comprensión sobre la gestión macroeconómica de la crisis y sus consecuencias.
Paul Krugman, premio Nobel de Economía por su valiosa contribución a las nuevas teorías sobre el comercio internacional, no sólo es un azotador incansable de las huestes republicanas, también es un excelente docente, investigador y divulgador de la ciencia económica que acumula múltiples premios y reconocimientos en todo el mundo.
 
Esta semana pasada recibió un nuevo galardón por parte del Graduate Institute en Ginebra. Merece la pena evocar su lección inaugural del curso académico sobre las principales lecciones de la crisis financiera, especialmente en un contexto de tipos de interés nulos y baja inflación.
 
Krugman reconoce la magnitud del desastre, tanto por su duración como por sus costes en rentas, empleo y fractura social, pero le sorprende su escasa influencia sobre el pensamiento económico. Muy gráficamente, lo expresa diciendo que la mayor parte de economistas y responsables de política económica continúan diciendo las mismas cosas hoy que en el 2007.
 
Niega que la crisis y sus secuelas hayan destruido la credibilidad de los economistas. Al contrario, reivindica la validez de la arquitectura macroeconómica desarrollada principalmente por parte de James Tobin. Añeja y fuera de moda, pero todavía con vigor suficiente para ayudar a comprender lo que nos sucede. Ajustar persistentemente los salarios nominales a la baja es mucho más difícil de lo que apunta los clásicos textos macroeconómicos, los niveles elevados de desempleo se pueden mantener durante mucho tiempo sin que la economía entre en una deflación desbocada y cuando los tipos de interés se acercan a cero, el dinero y los activos financieros son casi sustitutos perfectos, de modo que las expansiones monetarias tienen muy poco impacto sobre la inflación y el crecimiento. En cambio, los efectos de la política fiscal pueden ser mucho más contundentes. Como muestra un botón: cada punto de PIB de descenso en el déficit público estructural indujo un ajuste de 1,5 puntos en el crecimiento económico de la Eurozona.
 
También nos recuerda que grandes aumentos en la base monetaria no tienen porque inducir expansiones de los agregados monetarios de la economía, ya que los bancos centrales sólo controlan la base monetaria pero no, por ejemplo, los depósitos bancarios. Y en ausencia de los incentivos adecuados, una mayor liquidez no se convierte necesariamente en más disponibilidad de recursos para el crédito y la inversión.
 
Krugman también advierte que más importante que incorporar el sector financiero a los modelos macroeconómicos es mejorar nuestra comprensión sobre lo que acontece en los mercados financieros y rechazar la creencia ciega en que siempre funcionan eficientemente. Considera que el problema principal fue creer que con la regulación y las redes de seguridad existentes se podría contener la amenaza de un colapso bancario. No se supo entender que las nuevas formas de proveer fondos e instrumentos financieros reestructuraban las funciones de la banca hacia un cosmos ni regulado ni protegido adecuadamente.
 
La gran volatilidad financiera vivida sin apenas cambios en la economía real y las vertiginosas caídas de precio en toda clase de valores a las que hemos asistido nos advierten sobre los efectos de la escasez de liquidez y los límites del arbitraje entre activos financieros. La ciencia económica cree que los inversores rápidamente corregirán una posible infravaloración de los activos para sacar provecho de su descuento de precio. Pero en muchas ocasiones el proceso de infravaloración se alimenta por sí sólo, dado que muchos inversores ya están posicionados en dichos activos infravalorados sin poder alcanzar la puerta de escape. Cualquier suceso o rumor que induce una nueva caída de precios genera pues más estrés financiero a unos inversores incapaces de aprovechar la oportunidad del mercado.
 
Con el estallido de la crisis se hundió la cotización de los valores más negociados, dificultando el proceso de arbitraje. En este contexto, los test de estrés impulsados por el Tesoro norteamericano que transmitieron al mercado un certificado de salud relativa de las instituciones financieras y el compromiso de la Reserva Federal a proveer liquidez al sistema ayudaron a romper el círculo vicioso y revertir el hundimiento de los mercados de valores.
 
Algo parecido sucedió con el famoso Todo lo que sea necesario de Draghi. En este caso, fue la presión especulativa y la escalada de las primas de riesgo de la deuda pública español e italiana. Los temores de los inversores a que la falta de liquidez llevara a un impago de la deuda sustentaron un proceso que se alimentaba por sí mismo, mucho más cuando los bancos de dichos países eran los principales tenedores de deuda soberana. La crisis de liquidez se superó con la proclamación pública del compromiso del BCE acompañada de un intervencionismo monetario inaudito. Sin la asistencia de los bancos centrales ni de otras instituciones públicas no habría sido posible revertir estos procesos.
 
En suma, la crisis es también una gran oportunidad para aprender y conocer mejor cómo funciona la economía. No la desaprovechemos con una excesiva contaminación ideológica.
 
*Josep Lladós, profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
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