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Kopfschmerzen

Josep Lladós
Josep Lladós
El gobierno alemán puede contagiar sus dolores de cabeza a toda la economía global.
A cada contienda electoral padece el Ejecutivo alemán un nuevo dolor de cabeza que amenaza con convertirse en una cefalea persistente. Pero las cuitas del Gobierno de Merkel no se limitan a las tensiones electorales internas por su política migratoria. Preocupa, y mucho, el quehacer de su política económica.
 
El saldo exterior de una economía se explica también mediante la diferencia de los niveles agregados de ahorro e inversión del país. Es decir, del saldo presupuestario del conjunto de administraciones públicas y de la diferencia entre los flujos de ahorro e inversión del sector privado (empresas y familias). Desde el punto de vista alemán, los resultados macroeconómicos que presenta el ejecutivo de Merkel parecen excelentes pero no son lo que ahora más necesita la economía internacional. Y no sólo desde una perspectiva europea.
 
Alemania presenta un superávit exterior descomunal, cercano al 8,5% de su PIB. Es el resultado tanto del saldo positivo en sus cuentas públicas como  también de unos niveles de ahorro privado muy superiores a su actividad inversora. La envejecida sociedad germana desconfía del futuro próximo y atesora capital para su jubilación, por ello se muestra tan crítica con las políticas de interés cero del BCE. Al mismo tiempo, su gobierno reduce los niveles de deuda pública a pasos agigantados, haciendo todavía mayor la brecha frente a las economías del sur de Europa y presionando todavía más a la baja los tipos de interés de su deuda. Les conviene, pues con el ahorro de intereses han podido revertir fácilmente su déficit público. Sin la implicación de Draghi en la compra de deuda soberana, las primas de riesgo hoy serían noticia de portada.
 
La actividad económica en la Eurozona palidece pese a que la política monetaria más no puede hacer. Es la combinación de políticas económicas lo que deprime el área. La política fiscal en el centro de Europa es procíclica y debilita todavía más el panorama. Al mismo tiempo que Alemania, otros países centrales en la Eurozona ven crecer su saldo exterior como resultado de la contención tanto del gasto público como del consumo y la inversión privados. La deuda pública se convierte en el refugio del ahorro creciente y los tipos de interés alcanzan ya el color rojo en muchos de estos activos financieros. Poco podemos recriminar a la mayor frugalidad de las sociedades europeas cuando miran al porvenir con más resquemor que ilusión y ven que su gobierno gasta menos que lo recauda en impuestos.
 
Entender el compromiso de estabilidad presupuestaria a toda la Eurozona probablemente fue necesario y útil políticamente pero habrá que analizar su efecto cuando haya pasado todo un ciclo económico. Pero si se necesita más gasto e inversión por parte del gobierno y la sociedad alemana no es sólo para mitigar la presión fiscal sobre el resto de la Eurozona.
 
La economía global no ha sabido superar la crisis financiera con armonía. Al contrario, vuelve a presentar desequilibrios similares al pasado reciente. El problema es que ahora vivimos en un mundo integrado financieramente con tipos de interés casi nulos. Una trampa perfecta para la ortodoxia económica. La ausencia de remuneración al ahorro impulsa el capital temeroso hacia productos refugio induciendo un descenso mayor de los tipos. La ausencia de dinamismo en las economías centrales se traslada al resto pues los flujos comerciales prosperan poco, de modo que no sólo escasean las oportunidades de inversión financiera altamente rentable, también las oportunidades de negocio para la inversión productiva son menores.
 
Necesitamos mayor actividad económica en los países menos endeudados y mayor energía comercial y financiera internacional para reactivar el mercado de trabajo, favorecer la recaudación fiscal y revertir los ratios de deuda en las economías más impactadas por la crisis. Si el líder de la Eurozona predica con el único ejemplo de la reducción de la deuda a toda costa, el mensaje al sur de Europa es que va a tener a tener que conformarse durante mucho tiempo con niveles de desempleo elevados o bien comprometerse a recortar todavía más los niveles salariales. Kopfschmerzen para todos.
 
*Josep Lladós, profesor de Economía de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
 
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