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La dificultad de la desconexión

Brexit
Brexit

Dos años de plazo, sino más, para desmantelar las relaciones tejidas durante 44 años.

Acabamos el mes de marzo con la activación del artículo 50 de Tratado de la UE que marca el punto de partida para negociar la desconexión o el acuerdo de salida de Reino Unido de la UE. No es una buena noticia para España, ni para la UE, ni mucho menos para los ciudadanos británicos que, no solo perderán las ventajas de estar dentro de la UE, sino que dejaran de disfrutar de esa relación tan privilegiada que tenían dentro de la Unión Europea, ya fuera en materia de euro, o en cuestiones de libertad, justicia y seguridad jurídica.

Dos años de plazo, sino más, para desmantelar las relaciones tejidas durante 44 años, convendrá el lector que es poco tiempo para un proceso en el que los puntos de partida se encuentran muy distantes. Además, será la primera vez que los distintos agentes sociales vivan un proceso de tal envergadura, por lo que será obligada la cautela, así como tratar de minimizar incertidumbres y costes que puedan aparecer.

Las primeras fisuras ya se han manifestado. A saber; el Reino Unido pretende que las negociones aborden de manera conjunta la salida de la UE y el posterior marco de relaciones, mientras que la UE, ha cerrado filas entre sus miembros, y a pesar de la insistencia del Reino Unido, señala que primero se negocie la salida y una vez terminada ésta y no antes, se negocie el acuerdo de asociación. De esta manera y mientras que el Reino Unido no salga oficialmente de la UE, nada cambia para los ciudadanos y las empresas que serán regidos por el derecho comunitario.

Siguiendo al profesor Juergen Donges, cuatro son los escenarios se pueden situar en el tablero de negociaciones. Veamos. El primero de ellos y el menos probable es un Soft Brexit, esto es, que el Reino Unido pasara a ser miembro del espacio Económico Europeo, como los son Noruega, Islandia, o Liechtenstein. Claro que, este escenario no le saldría gratis a Reino Unido. No solo tendría que garantizar la libre circulación de trabajadores europeos y hacer aportaciones al presupuesto comunitario, sino que tendría que respetar las decisiones del Tribunal de Justica Europeo. De ahí la poca probabilidad de que prospere.

Una segunda opción sería que se adoptara un modelo a la Suiza, escenario en que no sería obligatoria la libre circulación de trabajadores ni la aportación al presupuesto europeo. Este modelo le llevaría al Reino Unido a tener que negociar sector por sector el acceso al libre mercado europeo. Como inconveniente el Reino Unido se encontrara que en este escenario los servicios financieros quedarían excluidos, situación que no le gustara nada ya que pretende seguir siendo el centro financiero global.

La tercera, consistiría en firmar únicamente un Acuerdo Comercial, que sin lugar a duda no quedaría exento de aranceles comerciales sobre todo en sectores especialmente sensibles como puede ser el del automóvil, o el de la agricultura. Pero para que pudiera prosperar esta opción, se requeriría de la aprobación de la Organización Mundial del Comercio.

Y por ultimo y la menos deseable, ya que de por sí supone una autentica bomba de relojería, sería una salida drástica, es decir un hard brexit. En el caso de que esto ocurriera, se cortarían todos los lazos económicos con la UE. Probablemente el Reino Unido decidiera estrechar sus relaciones económicas con EEUU, abriendo una vía de libre comercio entre ambos países que por supuesto infringiría todas las reglas de la Organización Mundial del Comercio sobre multilateralidad y no discriminación en el comercio exterior.

En cuanto a daño económico, por supuesto que lo habrá, tanto en términos de PIB como de empleo, este sera mayor para el Reino Unido. Piense el lector que el principal cliente de Reino Unido es la Unión Europea al exportar casi el 50% de sus productos, lo que equivale al 12% de su PIB. Todo ello sin contar que será destinatario de un menor flujo de inversiones que se dirigirán a otros destinos para tener acceso al mercado europeo, lo que provocaría que Londres perdiera su papel protagonista como centro financiero mundial. La intensidad de todos estos efectos dependerá del tipo de relación que finalmente se acuerde entre el Reino Unido y la Unión Europea. Estamos a la espera.

Almudena Semur
Gerente del IEE

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