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Educación digital: del pizarrín a la tableta

Aula universitaria
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¿En qué puede mejorar la tecnología los procesos educativos? Bienvenidos a la era de la educación digital.
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Nuestros abuelos usaban pizarrín, papel y pluma; nosotros, cuadernos con hojas cuadriculadas y lápices o bolígrafos; nuestros hijos, tabletas. La revolución tecnológica ha llegado a las aulas, pero los tres actores que intervienen en el proceso de la educación –alumnos, docentes y familias– siguen siendo los mismos. ¿Cómo se están adaptando estos actores a las nuevas formas de dar clase? ¿En qué puede mejorar la tecnología los procesos educativos? Bienvenidos a la era de la educación digital.
 
Los alumnos ya no acarrean una pesada mochila repleta de libros: usan una tableta, con la que realizan todas las tareas. Los profesores ya no imparten monótonas clases mientras la mitad de los alumnos dormita en sus pupitres: ilustran sus explicaciones con contenidos multimedia, proponen investigaciones a los alumnos e implican a éstos en el desarrollo de las clases. Los padres ya no reciben la clásica nota de la profesora o el director citándoles para hablar del comportamiento de su hijo; mediante una aplicación instalada en su móvil reciben información instantánea sobre retrasos, ausencias, fechas de exámenes, notas… Es la nueva era de la educación digital que se está experimentando en diversos programas piloto y que va a revolucionar la forma de estudiar.
 
En palabras de César Alierta, presidente de la Fundación Telefónica, “la educación es la clave para el progreso de la sociedad, el instrumento más poderoso para reducir la desigualdad”. Para desarrollarla, desde su organización proponen aprovechar la llamada ‘revolución digital’: “la revolución digital que estamos viviendo va a ser más importante que la revolución industrial, ya que nunca antes una generación ha experimentado el cambio de nivel que estamos presenciando”.
 
Precisamente, la educación digital es uno de los focos en los que se centra la Fundación que dirige el otrora presidente del gigante español de las telecomunicaciones. Sobre ello trata el documento ’20 claves educativas para el 2020’, promovido por la Fundación Telefónica a partir de un debate entre 50.000 docentes de 14 países iberoamericanos. Algunas de estas 20 claves dan la pista de lo que debe ser la educación digital: “la tecnología no reinventa a la pedagogía, sólo amplía sus posibilidades. Por ello es clave la intersección entre contenidos, pedagogía y tecnología”.
 
Otras conclusiones del documento de la Fundación Telefónica inciden sobre algunos aspectos de la educación: la educación no es exclusiva de la escuela; atañe a toda la sociedad: familia, escuela y comunidad”. Sin dejar de lado el verdadero objetivo de la educación: “el desarrollo de las competencias de los estudiantes para su mejor inserción social”.
 
Inclusión educativa
 
¿Qué papel debe desempeñar la tecnología en este proceso? Muy importante. ¿Qué puede ofrecer la tecnología en este aspecto? Mucho, empezando por la inclusión educativa: más de 50 millones de niños en el mundo no tienen acceso a la educación; el 23% de los niños escolarizados abandonan la escuela antes de terminar el ciclo de primaria; y el 75% del profesorado no cumple los estándares de formación. A ello hay que añadir dificultades como la calidad y disponibilidad de formación de docentes, la falta de libros de texto y recursos, o el problema del tamaño de las clases, cuestiones que afectan a la calidad de la educación.
 
Con estos datos en la mano, desde la Fundación Telefónica y la Fundación Bancaria La Caixa (que preside otro ilustre ex gestor, Isidro Fainé) se han unido en el proyecto de educación digital ProFuturo para educar a 10 millones de niños en situación de riesgo durante los próximos cinco años. La primera experiencia piloto, llevada a cabo en 2015 en nueve escuelas de Angola ha resultado altamente satisfactoria, y ya se preparan operaciones en diversos países del África subsahariana, América Latina y Asia.
 
El proyecto de las fundaciones de Telefónica y La Caixa ha implicado actuaciones como el despliegue de aulas móviles digitales en escuelas ubicadas en zonas vulnerables, o la formación a docentes en el uso de las tecnologías de la información, la plataforma educativa y sus contenidos.
 
La Agenda Digital
 
La aportación de las nuevas tecnologías de la información a la educación es clave, como hemos visto, en los casos de exclusión y de comunidades vulnerables. ¿Y en las sociedades desarrolladas? El reciente nombramiento de Álvaro Nadal como nuevo ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital parece confirmar la intención del Ejecutivo de hacer despegar la educación digital en la presente legislatura. Al menos, la creación de una cartera de Agenda Digital equiparada, además, con dos sectores de tanto peso en la economía española como la energía y el turismo, ha sido muy bien acogida por el sector.
 
¿Qué dice la Agenda Digital sobre la educación? Según el objetivo 2 de la Agenda Digital, uno de los objetivos de ésta es “desarrollar la economía digital para el crecimiento, la competitividad y la internacionalización de la empresa española”. Más concretamente, el subobjetivo 2.7 (“fortalecer la industria TIC mediante el desarrollo de proyectos tecnológicos en servicios públicos”) contiene un apartado referido en exclusiva a las medidas propuestas en relación a la educación.
 
Entre estas medidas figura la utilización de entornos virtuales de aprendizaje para la aplicación de planes educativos específicos y para la extensión del concepto de aula en el tiempo y en el espacio; la utilización de plataformas digitales y tecnológicas, y de recursos didácticos de calidad compartidos por toda la comunidad educativa; la promoción del uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones en las tareas de enseñanza y aprendizaje; la elaboración de un marco común de referencia de competencia digital docente; y la dotación de acceso a las redes de banda ancha ultrarrápida en los centros educativos.
 
Una excelente predisposición por parte del Gobierno, que habrá que ver si llega a culminarse, y cuándo. Porque lo cierto es que, a día de hoy, la educación digital o cualquier referencia a la misma brilla por su ausencia en la página web del Ministerio de Educación.
 
Iniciativa privada
 
Como en tantos otros casos, ha tenido que ser la empresa privada la que agite el árbol para que caigan las nueces. En el caso de la educación digital, las empresas fabricantes de hardware –tabletas y teléfonos inteligentes– son, como es lógico, las más interesadas en que se desarrolle un modelo de educación que va a suponer la creación de un importante mercado para sus productos.
 
Así que no es extraño que una compañía como Samsung se haya lanzado a investigar sobre la educación digital. En un estudio recientemente presentado y elaborado conjuntamente con Ipsos, han realizado una encuesta a 600 docentes de centros públicos y privados españoles, para verificar el grado de uso de la tecnología en las aulas españolas. Y aunque los resultados son positivos, también muestran que hay un amplio margen de mejora.
 
El 92% de los encuestados, por ejemplo, considera que el uso de las tecnologías de la información en las aulas mejoran las habilidades técnicas de los alumnos. Y el 84% cree que mejoran la competencia de los alumnos en habilidades transversales.
 
Más dudas despiertan los datos de uso por parte del profesorado de los elementos tecnológicos: ocho de cada diez confiesan hacer uso de la tecnología para dar clases al menos una vez por semana. El 35% lo hace a diario, destacando, por este orden, los profesores de Andalucía, Cataluña, Aragón y Navarra.
 
Pero eso significa también que un 65% no lo hace. Entre las causas de ello hay que anotar dos, apuntadas por los propios docentes encuestados: la falta de formación tecnológica y metodológica del profesorado (54%) y la falta de calidad y estabilidad de la conexión a Internet en los centros.
 
También por iniciativa de Samsung, en colaboración, esta vez sí, con el Ministerio de Educación, se publicó en 2015 la ‘Guía práctica de la Educación Digital’. En su presentación, Francesc Pedro, jefe de la División de Asesoramiento en Políticas Sectoriales, TIC y Educación de la Unesco, afirma que la combinación de tres factores en los países de ingresos medios y altos conforman una “tormenta perfecta” que podría dar lugar a una ventana abierta de oportunidad para el cambio pedagógico. Estos tres factores son: las tasas de adopción de las tecnologías para la comunicación entre adolescentes y niños; la irrupción de empresas que ofrecen servicios de valor añadido como contenidos y aplicaciones educativas; y la mayor disponibilidad de dispositivos de uso individual como tabletas y teléfonos inteligentes, que están al alcance de un elevado número de alumnos.
 
Proyectos piloto
 
Es decir, que España está ‘a punto de caramelo’ para poner en marcha la revolución tecnológica en el área educativa. Pero más allá de las iniciativas de algunos colegios privados, a nivel institucional no hay todavía más que proyectos piloto.
 
Precisamente, uno de ellos viene de la mano de la empresa tecnológica coreana: el Proyecto Samsung Smart School, desarrollado en el curso 2014/2015, de la mano del Ministerio de Educación y de las Comunidades Autónomas. Este proyecto dotó de tabletas, pantallas y equipo de conexión a 15 centros de todas las Comunidades excepto Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Andalucía, para impulsar el aprendizaje de los alumnos a través de dispositivos móviles.
 
Las conclusiones de esta primera experiencia han sido positivas. El uso de las tabletas permite realizar nuevas actividades y tareas, como la investigación en red, la edición conjunta en la nube o el uso de contenidos multimedia. Para los profesores, la tecnología introduce novedades en los métodos de evaluación, como la inmediatez en la respuesta o la evaluación tipo test en la red. Y lo más importante: permite un seguimiento individualizado de los progresos de cada alumno, una cuestión vital en el caso de la educación especial.
 
Para los alumnos, el hecho de usar una tableta como herramienta para el aprendizaje es un importante salto cualitativo respecto a la tradicional educación con libros de texto, a introduce un componente lúdico, que permite la ‘gamificación’ de la educación. Es decir, estudiar como si estuvieran jugando. Y eso es una ventaja indescriptible para los docentes.
 
Es de esperar que la incorporación de la Agenda Digital a las carteras ministeriales dé un impulso definitivo a la educación digital, para aprovechar esta “tormenta perfecta” de la que hablaba el representante de la Unesco. Esperemos que, por una vez, nuestro país no se quede descolgado en este proceso respecto a sus vecinos europeos. Porque lo que lo acabarán pagando serán los estudiantes, que son los trabajadores del mañana.
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