Año XXV - Madrid, Martes 06 de Diciembre de 2016

Casi la mitad de los estadounidenses creen posible un fraude electoral

Las declaraciones del candidato republicano Donald Trump hacen crecer también la preocupación de que tras su posible derrota en los comicios comience una oleada de disturbios

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Donald Trump, candidato del Partido Republicano a la presidencia de EEUU
Donald Trump, candidato del Partido Republicano a la presidencia de EEUU
/ • 19:41

Desde que Donald Trump presentó su candidatura a las primarias republicanas, surgió el debate de si estábamos ante un fenómeno coyuntural en la política estadounidense que iría poco más allá de lo anecdótico o, por el contrario, ante un cambio estructural. Una pregunta cuya respuesta, poco a poco, queda cada vez más claro que es la más pesimista posible.

Conforme sus posibilidades de derrota en las elecciones presidenciales que tendrán lugar dentro de 3 semanas y 1 día son más claras, el candidato republicano refuerza su apuesta por dejar detrás suya la mayor tierra quemada posible. Según una encuesta hecha por Político, el magnate neoyorquino ha conseguido que hasta un 41% de los estadounidenses estén dispuestos a darle al menos un mínimo de credibilidad a sus aseveraciones de estos días de que podría estar siendo víctima de un fraude electoral.

Una conspiración en su contra que, según el mismo sondeo, es factible hasta para un 73% de quienes se identifican como republicanos. Todo ello, pese a que, una vez más, Trump no haya ofrecido ninguna prueba que respalde sus afirmaciones con las que desde hace tiempo viene construyendo un relato polarizador en el que cualquiera que se oponga a él sólo puede ser porque es parte de una trama de intereses oscuros.

Ya el pasado mes, una encuesta de Associated Press mostró que tan solo un tercio los republicanos confiaban en que el proceso de recuento de los votos fuese justo. Un sentimiento de desafección hacia el sistema al que contribuyen declaraciones como las de su candidato la semana pasada cuando se refirió a la campaña presidencial como "una gran y fea mentira".

Este sábado, en diferentes actos en New Hampshire y en Maine, volvió a insistir en que la elección está amañada contra él "por medios corruptos que fabrican falsas alegaciones y emiten mentiras contra él, para llevar a Clinton a la Presidencia". Una táctica probablemente sin precedentes en la historia de las elecciones estadounidenses que pone incluso en riesgo la transmisión de poderes pacífica que siempre se ha dado por hecha.

De hecho, diversos medios como Politico o The New York Times ya han especulado con que Trump puede estar preparando el terreno para rechazar reconocer su derrota ante Clinton en las inminentes elecciones del 8 de noviembre. Algo que ni siquiera Al Gore se atrevió a hacer en 2004 pese a ganar en voto popular y a que existían serias dudas sobre el ajustado margen de George W. Bush en el estado de Florida cuyos votos electorales le dieron en última instancia la Presidencia a este último.

Entonces Gore incluso se negó a mantener las alegaciones para la revisión final de unos votos invalidados que hubieran cambiado ese resultado final. Ahora, se especula con que Trump incluso podría cuestionar el resultado.

Es decir, incendiar a sus seguidores, una gran parte de los cuales ya se caracterizan por su desafección hacia el sistema y, quién sabe si alentar con ello una escalada de protestas civiles y disturbios que ya han empezado a reclamarse en sus actos de campaña si se confirma la derrota. Todo ello, pese a que la organización de las elecciones estadounidenses está muy descentralizada y, en gran parte de los Estados en que gobiernan los conservadores, son los propios republicanos los principales responsables del proceso.

Todo ello también, pese a que la principal autoridad electa del partido del elefante, el portavoz de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, ha declarado que confía plenamente en que las elecciones transcurrirán con integridad. Incluso pese a que el propio compañero del 'ticket presidencial', el candidato a vicepresidente republicano, Mike Pence, ha declarado que respetarán la voluntad de los estadounidenses y garantizan una transferencia pacífica de poderes.

Pero la respuesta de Trump a esas afirmaciones no podría ser más intranquilizadora: "Los demócratas tienen una maquinaria política corrupta que ha impulsado a la desviada Hillary Clinton. Nosotros tenemos a Paul Ryan, siempre luchando contra el candidato republicano. Un hombre que no sabe ganar".

Y todavía ha ido más allá en las redes sociales: "Esta elección está siendo fraudulenta. Por los medios deshonestos y distorsionadores que apoyan a la desviada Hillary; pero también en muchos lugares de votación".



De esta forma, si la campaña presidencial se está caracterizando por ser aún más desagradable que unas primarias ya más allá de los límites del buen gusto; lo peor podría venir a partir del día después. Y lo más grave es que Trump tampoco se ha recatado a la hora de señalar posibles culpables para la ira de sus seguidores: todos aquellos que pertenezcan a alguno de los grupos que han sido objeto de sus diatribas como las minorías raciales o religiosas.

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