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Año XXV - Madrid, Domingo 22 de Enero de 2017

Las nuevas tecnologías reinventan el consumo

El consumo colaborativo, impulsado por las plataformas de Internet y las aplicaciones móviles, gana cada vez más adeptos, mientras despierta las críticas de los negocios tradicionales.

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Las nuevas tecnologías han cambiado la forma de comunicarse, de disfrutar de los distintos contenidos culturales o de acceder a la información. También están empezando a orientar a los usuarios hacia un nuevo modelo de consumo, el colaborativo, que se sustenta, sin embargo, en unos principios muy básicos: compartir gastos e intercambiar bienes.
 
Desde unirse para ahorrar a la hora de hacer un mismo viaje, hasta compartir un espacio de trabajo o comprar y vender productos de segunda mano a través del teléfono móvil. En tiempos de crisis el ingenio se agudiza, y ‘sartups’ y emprendedores han entendido que todos podemos sacar provecho compartiendo.
 
Así, este 2014 ha sido sin duda un año clave para las plataformas de consumo colaborativo, en las que los ciudadanos son tanto oferentes como demandantes. Cada vez es mayor el número de páginas web y ‘apps’ que facilitan el contacto entre personas para, juntos, reducir el coste de determinados productos o servicios.
 
Estas empresas también sacan su beneficio (a través de publicidad o de una comisión), lo que ha desatado las quejas de unos negocios tradicionales no ven con buenos ojos este cambio de modelo. Exigen, entre otras cosas, que sus nuevos competidores estén sometidos a las mismas reglas del juego, que paguen impuestos y que cuenten con todas las licencias necesarias. Sin embargo, son también estas plataformas las que, en muchos caso, piden una regularización que les ofrezca confianza ante los consumidores.
 
“La regulación del consumo colaborativo es necesaria, este tipo de actividades se merecen ser reguladas”, señaló a ElBoletín.com preguntado por el tema Albert Cañigueral, fundador de la web consumocolaborativo.com y un referente en el tema. Una regularización no basada en la prohibición, si no que les permita ‘encajar’ en el panorama.
 
Las mayores críticas vienen del sector del transporte. Los taxistas de Barcelona y Madrid se han levantado contra Uber, a la que acusan de competencia desleal y de no poseer las licencias necesarias. Ofrece un servicio de transporte con conductor particular, pero muchos no lo consideran consumo colaborativo como tal y las ‘apps’ y plataformas quieren desmarcarse de esta empresa.
 
Distinta es BlaBlaCar, la plataforma de consumo colaborativo más conocida y aceptada en España, que une a conductores con pasajeros que van a realizar el mismo viaje para compartir los gastos del trayecto. Cuenta ya con diez millones de usuarios en Europa. Tiene varios competidores como Amovens, orientado especialmente a eventos y festivales, o Carpooling la mayor red de viajes en coche compartido por el Viejo Continente.
 
Por su parte, SocialCar facilita el alquiler de coches entre particulares, mientras que a través de Parkinghood se puede alquilar o compartir una plaza de aparcamiento. JoinUpTaxi te ayuda a buscar un compañero de trayecto con el que compartir la tarifa que cobra el taxista y hay varias plataformas para compartir la mesa en el tren y conseguir una tarifa más económica.
 
El turismo es otro de los sectores donde el consumo colaborativo está empezando a ganar fuerza. Airbnb, una plataforma para el alojamiento temporal entre particulares y tampoco ha sido bien recibida por los hoteleros tradicionales, aunque sí que hay cadenas como Room Mate que han sabido adaptarse al nuevo modelo de negocio lanzando BeMate, que facilita el alquiler de apartamentos de lujo.
 
En el alojamiento, el intercambio también es una buena opción gracias a Knok o IntercambioDeCasas. Mientras que, en la hostelería, a través de SocialEaters o CompartirPlato se puede ir a comer a casa de gente o invitar a comer al vecindario.
 
El ‘coworking’ es una iniciativa con muchos adeptos desde hace ya un tiempo. Empresas y autónomos pueden ponerse en contacto para compartir el lugar de trabajo y pagar menos por el alquiler de la oficina en plataformas como CoworkingSpain.
 
La compra-venta de artículos de segunda mano o el truque siempre han estado ahí, pero la ‘app’ Wallapop ha sabido sacarle provecho y facilitar las cosas gracias a la geolocalización, que ofrece mayor comodidad y fiabilidad. Permite a los usuarios sacar dinero con un objeto que ya no usa o intercambiarlo por otro que le interesa más. La aplicación cuenta con más de un millón de usuarios, es una de las más populares de las tiendas de ‘apps’ y se prepara para la inminente incorporación de otros productos como viviendas, ofertas de empleo o incluso servicios.
 
Pese a las quejas y críticas, el consumo colaborativo ha llegado para quedarse, es un modelo de negocio que parece no tener fin. Las nuevas tecnologías han abierto un nuevo universo a aquellos que están dispuestos a compartir.

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