Señor presidente de los Estados Unidos, admiración produce el ritual del día de su inauguración, envasado al vacío, pero respetado en todos sus detalles, en el juramento, sin innovaciones del tipo ministros y ministras cuando las promesas en el Palacio de la Zarzuela, sin originalidades indumentarias, sin coletas al viento, con atención especial dedicada como su comandante en jefe a los militares y homenaje rendido en el cementerio de Arlington a quienes murieron obedeciendo, en expresión de gratitud y como ejemplo en el cumplimiento del deber.
Felicitaciones para la causa de la democracia. Vale.
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