El nuevo Gobierno de Hollande mezcla vida personal y equilibrio político. ¿Saldrá bien el invento? Ya sabemos cómo es el nuevo Gobierno de François Hollande. Resumiendo: tiene un primer ministro –Manuel Valls– que ha sido ensalzado en el ABC, a tres ministros del ala más izquierdista de su partido y a la madre de sus cuatro hijos a cargo de la cartera energética, amén de contar también con dos buenos amigos en el gabinete. La lectura de mi jefe es que parece estar buscando, de algún modo, el equilibrio.
Sin embargo, hay tres preguntas fundamentales al margen de los nombres. La primera tiene que ver con Alemania: ¿podrá Hollande poner firme a la señora Merkel y recuperar de ese modo el estandarte que le situaba como portavoz de los países más afectados por la crisis? La segunda tiene que ver con la élite financiera francesa: ¿con la salida de Pierre Moscovici se pondrá las pilas a los grandes bancos del país?
Y la tercera es lógica: ¿cuajará este nuevo Gobierno? Porque Hollande lo ha convocado con su popularidad bajo mínimos y una abstención cercana al 40% en las pasadas municipales galas.
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Hollande busca el equilibrio
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