Julián Muñoz se ha sumado a la moda de pedir un indulto pese a estar condenado por todos los tribunales del planeta. Julián Muñoz ha decidido unirse a un selecto grupo de ciudadanos españoles. A saber: el expresidente balear Jaume Matas, el torero Ortega Cano y el presidente del Sevilla José María del Nido. Porque, al parecer, el exalcalde de Marbella, que está cumpliendo varias condenas de prisión por blanqueo de capitales y corrupción, ha solicitado un indulto ante el Ministerio de Justicia por razones de salud.
Según mi jefe, a quien no le gusta descalificar por norma la moralidad de nadie, esto lo que evidencia es que algunos tienen un morro de una dureza considerable. Aunque lógicamente, siempre hay un porqué. Y al margen de que esta pandilla de cuatreros tengan, precisamente, esa dureza en el morro también hay que tener en cuenta que el Ministerio de Justicia lo ha puesto fácil. Tan sólo hay que recordar que Alberto Ruiz-Gallardón indultó a un conductor suicida al que, casualmente, representaba el bufete de abogados en el que trabaja su hijo.
En cualquier es un espectáculo poco edificante para la sociedad. Claro que, al mismo tiempo, la naturalidad con la que estos medios de comunicación informan de estos sucesos tampoco hace un favor a nadie salvo, quizás, a los implicados, que cabalgan por la vida con una sensación de impunidad insultante.
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La dureza del morro
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