Sin que sirva de precedente, mi jefe hoy se pone del lado del presidente de la Comunidad de Madrid en la pugna que mantiene con el ministro de Hacienda. Ignacio González, previsiblemente harto de que Cristóbal Montoro, desde el Ministerio de Hacienda, le diga que no puede endeudarse más, ha decidido acudir al Banco Santander para pedir un préstamo de bastantes millones de euros. Un gesto que mi jefe ve totalmente lógico.
¿Por qué? Pues porque González, como cualquier otro presidente autonómico, está más cerca del ciudadano (de ‘su’ ciudadano; en este caso el madrileño) que ningún ministro. Por eso, antes de asumir el coste político que conllevaría el dejar de prestar algunos servicios ha decidido acudir a Emilio Botín, quien probablemente le haya recibido en calidad de viejo cliente.
El pulso entre el presidente de la Comunidad de Madrid y el ministro de Hacienda, no obstante, ha vuelto a poner en evidencia, según mi jefe, la incapacidad de este Gobierno para controlar de facto el territorio que le corresponde. Es decir, España. Y es que hasta sus propios compañeros de siglas -y no hablemos ya de regiones como Cataluña- coquetean con un cierto grado de rebeldía.
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El pulso de Ignacio González es lógico
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