Le hemos preguntado a mi jefe por el Papa Francisco y su último anuncio: nombrar una comisión para investigar las finanzas del IOR o, como se le conoce mejor, del Banco Vaticano. El tipo no ve con malos ojos los movimientos del Pontífice, que parece estar acompañando las palabras con obras, aportando además unas cuantas novedades.
No obstante, y dejando de lado el gesto en sí, a mi jefe le parece digno de mención que, cuando la banca de medio mundo está ahogada y pidiendo uno detrás de otro préstamos y ayudas públicas sin que nadie remueva demasiado en sus arcas, el Vaticano, famoso en el mundo entero por su celo, se haya puesto a ver qué hay, qué no hay y, en definitiva, qué demonios sucede ahí abajo, en las catacumbas financieras.
Quizás haya que tomar nota y empezar, todos, a hacer lo mismo con tal de salir de esta crisis a la que se ha llegado, y sobre todo que se ha desarrollado, gracias a la falta de transparencia y claridad.
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Lecciones vaticanas
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