Mi jefe ha debido recibir las nuevas previsiones de la Comisión Europea con una especie de risa cargada de resignación. Ya me lo imagino murmurando «Así que todo va a ir peor de lo esperado, ¿eh?» para luego querer enganchar a uno de esos burócratas de Bruselas, o quien quiera que esté este puente de guardia en La Moncloa, que lo mismo da, por las solapas antes de soltarle cuatro improperios.
Improperios como que se están cargando todo. El Estado del Bienestar, tras varias décadas asentándolo, la divisa comunitaria, después de diez años tratando de aunar esfuerzos para consolidarla, y demás. Por su culpa. Porque no queda otra que echarles la culpa a ellos. Unos tipos que piden más austeridad. Que no hacen más que exigir recortes sin darse cuenta de que los consumidores se están quedando sin capacidad para consumir. ¿Y una sociedad de consumo sin consumidores dónde va a parar?
En cualquier caso hay que agradecer a los trabajadores alemanes que se hayan manifestado haciendo hincapié, precisamente, en este último punto. Gritando que o aumentan los salarios o el sur de Europa se va a tomar por el saco. Esperemos que los currantes teutones tengan suerte y logren transmitir algo de sentido común a sus gobernantes. Unos gobernantes que, en el fondo, son los de todos.
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