El inicio del nuevo curso pone de manifiesto un par de problemas que afectan al presidente de EEUU, Barack Obama. Uno se deriva, precisamente, de la extraña actitud que se ve obligado a mantener con el sector bancario, en el que se encuentran muchos y buenos financiadores de su periplo electoral. Los prolegómenos de la reunión del G-20 que tendrá lugar en Pittsburg los próximos días 24 y 25 han servido para conocer que EEUU y China se oponen a fijar limites a los sueldos de los altos ejecutivos del sector financiero.
Peor destino puede tener la reforma del sistema sanitario estadounidense. Es un problema económico y no político. Es probable que Obama y sus asesores lleven razón en la necesidad de implementar una reforma que introduciría racionalidad en el gasto, aseguraría la cobertura universal y aliviaría el peso que soportan las arcas públicas por culpa de un sector que basa su inmenso negocio en recibir dinero público y privado de muy diversas fuentes sin comprometer a cambio unas prestaciones mínimas para todos los ciudadanos.
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Barack Obama empieza el curso más difícil de su vida
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