Nos hemos quedado un poco ‘pajarito’ por aquí después de leer un estupendo reportaje de la agencia Bloomberg en el que se explica cómo la brecha entre salarios está aumentando en uno de los sectores más ‘productivos’ de EEUU: el de las cadenas de restaurantes que ofrecen comida rápida. En concreto, se nos ha quedado grabada en la retina la cara del currito que cobra una miseria figurando al lado de esa palabra: productividad.
Mi jefe opina que el cuento es más viejo que la tos y que no hace falta ir a Harvard para lograr comprender que una empresa, cuanto menos pague a sus empleados, menos gasta en esa franja y, por lo tanto, más puede llegar a ganar. Lo que sucede es que al ser viejo, el cuento digo, ya tendríamos que tener aprendida la lección. ¿Cuál? Pues que ahogando a los consumidores ahogas también el consumo. Y si esta sociedad se basa precisamente en el consumo, pues ya me dirán ustedes qué hacemos ahora.
El tipo me ha dicho que ahora estamos en la peor de las situaciones. Por un lado, se están sucediendo despidos masivos. Por el otro, recortes salariales de una brutalidad palpable. Y por último, una crisis del crédito, que no fluye en casi ninguna dirección y desde luego no huele la calle ni a la de tres. Así que a ver.
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Un cuento más viejo que la tos
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