No sé si estaban ustedes al tanto de que hace ya unos cuantos días que a mi jefe no se le preguntaba por Alemania. Sin embargo, hoy nos hemos visto en la obligación, a través de un servidor, de preguntarle al veterano por los últimos datos macroeconómicos de la zona del euro, relativos al tercer trimestre del año. Ya saben: la divisa única en recesión y su motor -Alemania- creciendo bajo mínimos (un 0,2%).
Mi jefe se ha pronunciado al respecto como se pronuncia siempre: con enfado. Cada vez está más seguro de que la señora Angela Merkel lo que quiere es resucitar el pangermanismo filosófico que surgió en el siglo XIX -y que posteriormente representó Wagner- para que Alemania pueda gobernar sobre todos los demás socios europeos, sin importarle a quién demonios se lleve por delante en el proceso. Para ello se sirve de la austeridad y del «si no recortas yo no pongo la pasta».
Y claro, la puntilla era la que me temía: Margaret Thatcher. Porque al tipo no hay cosa que más rabia le pueda dar en este mundo que darle la razón a la Dama de Hierro, cuando ésta se opuso a que Europa pagara la reunificación alemana.
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