Hoy me han ofrecido meter mi (poca) pasta en Suiza. Como el que no quiere la cosa, y estando más bien de risas de fin de semana que manteniendo una conversación seria, me han querido endosar el producto. Que si el euro se va a ir a tomar por el saco, que si cada vez hay menos bancos suizos que exigen un saldo mínimo, que si mira que ganga tenemos aquí, que si patatín y que si patatán. Así que le he preguntado a mi jefe que qué opina él al respecto.
Yo creo que le he pillado por sorpresa, porque se ha quedado meditando un rato. Luego me ha dicho que si he perdido la confianza en que los del euro nos vayamos a poner de acuerdo pues sí, puede ser una alternativa. Ahora bien, nada de ‘choricear’. Cumpliendo los requisitos legales oportunos. Y en cuanto a la inversión en sí, nada de hacer el cabra por ahí. Producto bien diversificado y apostando por el franco suizo. En plan conservador.
Luego me ha deseado suerte si al final me embarco en tamaña aventura. No sé si de forma irónica o en serio. Pero si les soy sincero, no tengo nada claro si al final lo haré.
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