Siempre hay arrepentidos, dice mi jefe. Así se ha tomado él las declaraciones de anoche en la cadena británica BBC de Alessio Rastani, un ‘trader’ londinense, en teoría independiente, que dijo abiertamente a las cámaras que los gobiernos eran inútiles, que Goldman Sachs gobernaba el mundo y que él da las gracias todas las noches por la crisis y pide, además, que llegue una nueva recesión global para poder seguir forrándose. Porque para Rastani, y para todos los suyos, la crisis significa oportunidad, negocio y dinero.
Pero mi jefe recalca que lo que ha dicho Rastani no supone nada nuevo. Sin ir más lejos, esta humilde publicación lleva informando de las andanzas de los grandes banqueros y sus intenciones durante el último año.
Es evidente que la crisis ha convertido en realidad el deseo de todo especulador financiero: que tenga lugar el milagro de la transustanciación del riesgo público en deuda privada. Es decir, que las acciones de unos pocos las paguen todos. O mejor; que sus acciones las paguen los demás. Porque así el riesgo que ellos asumen es nulo. Dinero gratis.
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Siempre hay arrepentidos
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