Obama está inmerso desde hace ya un par de meses en la complicada partida que le toca jugar para ser reelegido. Quiere ser el nuevo Clinton, el último presidente demócrata que agotó sus dos mandatos, y no repetir la historia de Jimmi Carter.
Para conseguirlo, el actual inquilino de la Casa Blanca necesita volver a conectar con sus bases, con las organizaciones sindicales que, si bien no están muy de acuerdo con la gestión que ha realizado hasta ahora el presidente que fuera la gran esperanza de cambio, sí han probado ya el resultado de las aplastantes victorias republicanas en las últimas elecciones locales y legislativas celebradas en EEUU.
De alguna forma se necesitan mutuamente y el posible acuerdo, gracias al cuál las organizaciones laborales movilizarán sus amplias bases de votantes a favor del candidato, pasa en primer lugar porque las administraciones federales vuelvan a crear empleo público. Todo depende del discurso presidencial del jueves, pero ayer, en Detroit ante la plana mayor de AFL-CIO, el principal sindicato del país, Obama prometió inversiones en infraestructuras para reanimar el empleo.
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Obama tiende puentes hacia los sindicatos
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