Desde una vieja concepción patrimonialista del territorio, algunas familias poderosas intentan consolidar sus privilegios desde las cercanías del poder político. En una suerte de regreso al mundo premonarquico de la Antigua Edad Media, los señores feudales reaparecen para consolidarse en sus áreas de influencia y repartirse, de modo más o menos equitativo el poder central.
Este juego de oligarcas que ha convertido a la democracia en una simple coartada puede mantenerse siempre que todos respeten las reglas no escritas del acuerdo de reparto de beneficios.
Lo malo es que siempre aparece alguien que lo quiere todo para sí. El poder y el dinero. Y cuando esto pasa y los equilibrios se rompen los señores feudales se quitan las caretas y se olvidan de la coartada democrática para preservar sus privilegios por encima de todo. Como en Honduras, como en Irán, como en China y quizá también como en territorios imnombrables mucho más cercanos.
Acceda a la versión completa del contenido
La variedad ideológica del nuevo feudalismo
El aviso supone el cuarto plazo anunciado por Trump desde finales de marzo, en un…
La entrevista se publica en vísperas del juicio en la Audiencia Nacional, donde Bárcenas comparecerá…
El enfrentamiento político en torno al Guernica de Picasso ha escalado con un cruce directo…
Diego Carcedo era un periodista completo que manejaba todos los recursos de la profesión. De…
Las conversaciones entre Washington y Teherán podrían alcanzar un punto de inflexión en cuestión de…
El exlíder de Podemos sitúa el foco en el papel actual de los medios de…