La apertura esta semana del juicio contra el fundador y líder de Wikileaks, Julian Assange, ha provocado una curiosa reflexión en algunos blogs de moda en los circuitos internacionales del activismo en la Red. Según estos escritores, resulta increíble que, a estas alturas, todavía funcionen las denuncias de presunta violencia sexual para arrinconar a alguien que ha molestado a determinadas élites estadounidenses.
El consejo de Sarkozy a Dominique Strauss Kahn: ‘no se te ocurra meterte en un ascensor a solas con una becaria’, era más sabio de lo que parecía. Si vas a molestar a Wall Street o a Washington ten cuidado con tus costumbres sexuales. Sobre todo si no son del todo políticamente correctas.
El calvario de DSK es otra muestra. Pero hubo antecedentes: Eliot Spitzer, fiscal terrible y gobernador efímero que solía pagar por las compañías peligrosas y hasta Bill Clinton. Estos dos últimos, cometieron el error del que habían sido acusados. Los dos primeros tal vez no. La justicia lo dirá. O eso se supone.
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