Los diplomáticos europeos con residencia en La Habana, desde hace casi dos años, señalan a la edición del Granma de los viernes, y más concretamente a sus ‘cartas al director’ como el mejor termómetro posible para que todo aquel que esté interesado en adivinar más o menos por donde se perfila el futuro del régimen cubano, detecte los próximos objetivos a abatir en la silenciosa limpieza, o pugna entre facciones, que parece producirse dentro del socorrido esquema de la lucha contra la corrupción y la ineficiencia que promueve Raúl.
Este periódico, órgano oficial del Partido Comunista, está al alcance de todos los cubanos, a diferencia de las webs de la ciberdisidencia u otros foros en los que se desarrollan los incipientes atisbos de crítica política que pueden percibirse en los últimos tiempos. Por eso la sección es vital. Primero porque al permitir esas cartas críticas se intenta dar una apariencia de pluralismo. Y luego porque quienes saben leer entre líneas necesitan muy pocos viernes para saber la identidad del siguiente alto funcionario que será destituido.
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Las críticas autorizadas de cada viernes en Granma
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