Es evidente que el Gobierno español, por equivocarse, hasta se equivocó al no pisar en marzo el acelerador de la reforma bancaria europea para no perjudicar a los intereses electorales del entonces premier británico Gordon Brown quien, de todas formas, ha sido desalojado de Downing Street. Lo cierto es que en Europa, en general y en Alemania, como instigadora e inspiradora del dudoso proceso, se ha impuesto una defensa a ultranza de los sistemas bancarios domésticos basada en una amplia gama de variopintas recetas restrictivas del gasto público.
Mientras, EEUU hace tiempo que se mueve en sentido contrario. Lo primero que hizo fue intervenir los bancos, que saneó con una cuantiosa inyección de dinero público que tuvo como consecuencia la desaparición de escena de la generación de gestores estrella que dirigieron a las entidades hacia el desastre, aunque se fueron con los bolsillos bien llenos, eso sí. Lo segundo usar el dinero público para estimular la economía. Los resultados de una y otra forma de hacer política saltan a la vista.
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Salvar a los bancos a costa de otra recesión mundial
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