La buena acogida cosechada por ese eslogan a lo ‘Green Peace’ pero aplicable a los grandes bancos que habla de salvar a las grandes ballenas financieras ha generalizado su uso. El problema es que la configuración de esos grandes cetáceos de la intermediación no es fruto de la casualidad. De hecho, hace algunos años que los ingenieros de las reproducciones asistidas de engendros ‘paranormales’ habían llegado a la conclusión de que si se conseguía alumbrar entidades gigantescas, precisamente su tamaño, iba a situarlas al margen de cualquier eventual peligro de quiebra.
Ahora se habla de buscar la manera de romper esas superestructuras. Pero no resulta fácil. Puede que algún gigante pierda tamaño por la necesaria venta de activos, pero poco más. La esencia del invento era, precisamente, la interconexión de negocios e intereses que permitían tejer al macrobanco una red de seguridad en ambientes y negocios tan distintos que podían abarcar desde la financiación de las campañas electorales hasta la aburrida concesión de créditos hipotecarios del negocio minorista puro. Y el dibujo ha resistido. Contra todo pronóstico.
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El diseño de los monstruos bancarios era su seguro
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